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Concentra tu mente y luego déjate llevar



Todos sabemos lo que es subir una calle empinada bajo el sol del verano. Si a eso le agregamos que acabamos de comer, la sensación de pesadez agobia. Pero si además hace días, meses que subimos calles empinadas bajo el sol inclemente del estío, sin un segundo para descansar, repasando la lengua por los confines de la boca hasta encontrar un mililitro de saliva que impida que se nos pegue al paladar como una manta raya, eso pasa a ser suplicio. Levantamos la vista nublada por la fatiga para intentar otear el horizonte en busca de una esperanza pero el camino sigue y sigue, sube y sube sin dar un respiro. Y cuando parece que no llegaremos, que las fuerzas nos serán insuficientes, que no podemos más… Algo dentro de nosotros se abroquela y nos hace sentir más livianos, más fuertes, como si hubiésemos dejado en tierra una pesada carga que quizás sea la de la autocompasión. Es justo en ese instante en el que llegamos a lo más alto y de allí en más las calles comienzan a descender, a poblarse de árboles que nos regalan su sombra refrescante y hasta una suave brisa que no habíamos sentido antes nos acaricia la cara. La vida es así, kime & mushin: concentra tu mente y luego déjate llevar. Cuando subas la cuesta bajo el sol inspira, galvanízate, blíndate y resiste, pero cuando comience el descenso relájate, espira... No hay ninguna cuesta eterna ni una bajada permanente.  

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¿Por qué la adolescencia tiene tanta mala prensa?

Yo me he rebelado con llamar adolescencia a ese período de la existencia. Es que la palabra adolescente está ubicada entre adolecer y adolorido, y conlleva la sensación de padecer una enfermedad inevitable que se cura con el tiempo, como la gripe, y que puede paliarse aprendiendo a usar tampones, preservativos, cremas depilatorias, maquinillas de afeitar o fumando. Por ello he elegido «Renascencia» y la he definido como la etapa de la vida en la cual constatamos que podemos relacionarnos con los demás sin dejar de ser nosotros mismos. En ella aplicamos nuestras cualidades innatas y contrastamos los valores aprendidos en la familia o proclamados por la sociedad.De más está decir que hay personas de noventa años que todavía no la han superado. De ahí el valor de esta novela, ubicada temporalmente en el punto en que comenzamos a asomar la cabeza a un mundo nuevo, extraño, muchas veces incomprensible y las más de las veces profundamente cruel e injusto. Pero también tiene algo de misterio…

¿Cuándo comenzó su Renascencia?

Y usted preguntará: ¿Y eso qué es? Es normal que lo pregunte porque «Renascencia» es el acrónimo entre renacer y adolescencia. Y puede que usted diga: ¡Ah!, esa edad difícil o «la edad del pavo» como suelen llamarla algunos que deben haber nacido siendo adultos, porque de otra manera no se explica que la llamen así. O han intentado olvidarla de tan terrible que fue.Es que pareciera ser que la adolescencia fuese una clase de enfermedad que se cura con el tiempo. «¡Ya pasará! Es una adolescente». Cuando quise ponerle título a una novela juvenil que abarcaba el proceso de paso del niño al adolescente, quise investigar sobre esta etapa y lo que decían los expertos sobre ella. Y me encontré con que la definición tradicional dice más o menos lo siguiente: «Adolescencia es el lapso de tiempo que los individuos necesitan para considerarse socialmente autónomos» ¿Qué? ¿Socialmente autónomos? Si como sostiene el Psicólogo Erik Erikson, el desarrollo es un fenómeno psicosocial que se extiende dura…

¿Poco yo? Parte 1

Todos tenemos días en que nos sentimos poca cosa... casi insignificantes. ¿y si mirásemos al ser humano como si fuese un producto que compramos al nacer? El producto ser humano consta de dos partes principales: ·Componentes visibles ·Componentes invisibles Ya sé que le parecerá una verdad de Perogrullo. ¡Qué descubrimiento! ¿No? Pero de alguna manera hay que comenzar a desenredar la madeja. Creo que todos los colores de este producto al que llamamos ser humano constan de estos componentes sin excepción: negros, blancos, amarillos y todos los tonos intermedios. Como puede ver, en esto también somos iguales. Incluso comparten estas características todos los modelos de las diferentes marcas: varones, mujeres, transexuales, homosexuales, bisexuales, lesbianas y asexuales. Ocurre lo mismo con los tamaños y formas de los diferentes modelos: altos, bajos, flacos, gordos, niños, adultos, bellos y feos. Recapitulando, el producto ser humano tiene como finalidad ser feliz y viene de fábrica con dos …