Tuesday, December 27, 2011

Concentra tu mente y luego déjate llevar



Todos sabemos lo que es subir una calle empinada bajo el sol del verano. Si a eso le agregamos que acabamos de comer, la sensación de pesadez agobia. Pero si además hace días, meses que subimos calles empinadas bajo el sol inclemente del estío, sin un segundo para descansar, repasando la lengua por los confines de la boca hasta encontrar un mililitro de saliva que impida que se nos pegue al paladar como una manta raya, eso pasa a ser suplicio. Levantamos la vista nublada por la fatiga para intentar otear el horizonte en busca de una esperanza pero el camino sigue y sigue, sube y sube sin dar un respiro. Y cuando parece que no llegaremos, que las fuerzas nos serán insuficientes, que no podemos más… Algo dentro de nosotros se abroquela y nos hace sentir más livianos, más fuertes, como si hubiésemos dejado en tierra una pesada carga que quizás sea la de la autocompasión. Es justo en ese instante en el que llegamos a lo más alto y de allí en más las calles comienzan a descender, a poblarse de árboles que nos regalan su sombra refrescante y hasta una suave brisa que no habíamos sentido antes nos acaricia la cara. La vida es así, kime & mushin: concentra tu mente y luego déjate llevar. Cuando subas la cuesta bajo el sol inspira, galvanízate, blíndate y resiste, pero cuando comience el descenso relájate, espira... No hay ninguna cuesta eterna ni una bajada permanente.  

New Realase!!!

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