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Ecuador de ideas


 ...”La selva prolongaba el mar en tierra firme. Aire líquido, hialino casi bajo las ramas, con transparencias azules en el claroscuro de la superficie y verdes de fruta en lo profundo” M.A. Asturias



Mi corazón palpitó con fuerza y un temor creciente puso un enjambre de abejas que hicieron cosquillas en mi estómago. Era más seguro permanecer en la lonja blanca de arena de la playa; sin embargo un pertinaz deseo de aventura, encaminó mis pasos a la selva.
Las primeras pisadas en el lecho mullido de ramitas y hojas muertas produjeron una explosión de alas invisibles que elevaron aves chillonas y asustadas. Me detuve sin respirar, escuché atento como ese mundo de aire denso, cálido, palpitante de zumbidos, gritos y chistidos, volvía a su respiración normal. Caminé más. Las depresiones del terreno me llevaban como por un sendero, las frondes brillantes de exóticas especies arrastraban mis ojos más allá y más allá. El sol tejía a veces hilos de oro cuando el follaje se hacía escaso o se limitaba a una umbría claridad, escondido sobre el techo verde. Los mosquitos arreciaban con sus púas listas, buscando en su incesante zumbar, un trozo de piel sin repelente, donde saciar su hemofagia. De pronto tuve la certeza de ser observado, no por un par sino por miles de ojos escudriñantes. Aterrorizado me di la vuelta completa sobre mí mismo y me pareció percibir un grupo de siluetas transparentes que se escondían burlonas tras los árboles. Quizás las historias del fogón, la noche anterior en la playa habían dejado mi imaginación alterada, sugestionada, para ver lo que en realidad no existía. Si antes transpiraba, ahora el sudor brotaba a borbotones incluso en las palmas de mis manos. Traté de seguir respirando por la nariz, pese a que el aire se había tornado denso como el agua, porque si abría la boca, seguramente mis dientes semejarían castañuelas andaluzas. Otro bulto pareció escurrirse entre dos oscuros troncos de caoba y quise correr, pero las piernas no me obedecieron. El pánico era tal que en un momento creí ver transformadas las antes cobijantes ramas en horribles garras y el bosque entero en una amenazante criatura por cuyas entrañas me movía tembloroso. Tuve que sentarme para no caer, el calor me sofocaba y una extraña sensación de sopor y pesadez me agobió. Respiré lo más profundo que pude tratando de serenar el pulso y poco a poco el aire se tornó fresco, una alegre levedad se apoderó de mi cuerpo y comencé a sentir la belleza de los troncos que se alzaban majestuosos, cubiertos de lianas y musgos. A mi lado, los restos de uno de esos enormes gigantes verdes, abatido por la edad, habían sido colonizados por orquídeas de pequeñas y fulgurantes flores carmesí. Volví a caminar, ya más calmado y los colores se intensificaron a mi vista, hasta casi herirla. Todo era hermoso, tranquilo, acostumbrado ya a los sonidos de la selva, comprendí que la suma de todos, era un divino silencio. Entonces los vi, destellos luminosos, contornos humanos borrosos, como cuando se mira a alguien a través de cristal empañado. El fogón, los mitos e historias volvieron a mi mente. Quizás lo visto eran espíritus de los antiguos mayas, quizás eran seres de una dimensión paralela. Estoy convencido que no fue mi imaginación y también estoy seguro que mi visión del mundo, del universo y de la “historia oficial”, jamás será la misma.

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Yo me he rebelado con llamar adolescencia a ese período de la existencia. Es que la palabra adolescente está ubicada entre adolecer y adolorido, y conlleva la sensación de padecer una enfermedad inevitable que se cura con el tiempo, como la gripe, y que puede paliarse aprendiendo a usar tampones, preservativos, cremas depilatorias, maquinillas de afeitar o fumando. Por ello he elegido «Renascencia» y la he definido como la etapa de la vida en la cual constatamos que podemos relacionarnos con los demás sin dejar de ser nosotros mismos. En ella aplicamos nuestras cualidades innatas y contrastamos los valores aprendidos en la familia o proclamados por la sociedad.De más está decir que hay personas de noventa años que todavía no la han superado. De ahí el valor de esta novela, ubicada temporalmente en el punto en que comenzamos a asomar la cabeza a un mundo nuevo, extraño, muchas veces incomprensible y las más de las veces profundamente cruel e injusto. Pero también tiene algo de misterio…

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