Skip to main content

En el día de los inocentes: Inocencio el conserje


Me llaman Inocencio y digo me llaman, porque yo no me llamo nunca. Es más, casi no me hablo y cuando me contemplo en el espejo lo hago para intentar descubrir aquel sello que el creador tendría que haber impreso en mí. Una especie de made in the paradise… que si hasta los caracoles lo llevan según leí en la Muy Interesante.
Soy conserje de una gran empresa, al menos es lo que hasta hoy pone  el organigrama con fotos que hay colgado en varios puntos de la fábrica. A juzgar por todas las flechas que me apuntan, debería ser alguien muy importante. La realidad es que todos me mangonean.
He intentado salir de mi posición y subir en el escalafón… Nadie ha sido capaz de conseguir en menos tiempo unos croissants crujientes y un carajillo de Therry original para una visita inesperada o traspapelada en las congestionadas agendas del Departamento comercial o del de Comunicación. He batido todos los récords de llegada a  Correos antes de que cierren y llevo ocho ratas muertas, que escandalizaban a las empleadas de oficina y… con mi propia mano.
—Inocencio, tienes que ir a buscar un paquete de repuestos…, es urgente.
—Inocencio, tráeme un café y unas aspirinas… que tengo un dolor de cabeza…
—Inocencio reparte el correo…- Inocencio, Inocencio. Si hasta cuando duermo escucho que me llaman y estoy seguro que no soy yo porque jamás me hubiese puesto ese nombre.
Hace aproximadamente un mes, el Jefe de los Contables, un “intocable” dentro de la jerarquía máxima, me pidió  que le buscase unos papeles en el archivo. Debían ser importantes porque él mismo se había pasado toda la mañana dando vuelta carpetas, sudando redondeles bajo las axilas y expeliendo un aroma a “chivo expiatorio” que dejó embebido en las paredes y los legajos.
Yo admiro a ese hombre por el minimalismo que impera en su despacho. Jamás hay un papel sobre la mesa, nunca una congestión de trabajo. En los únicos momentos en que se desmadra es cuando hay inventarios y eso es dos veces al año.
Encontré los expedientes en menos que canta un gallo, eran de una subvención del Banco Mundial y no olían a “chivo expiatorio” sino a “gato encerrado”.
—Eres un fiera —me dijo cuando se los entregué y parecía que le había salvado la vida.
—Si, por supuesto, por eso sigo siendo el conserje —contesté entristecido
—Mi estimado Inocencio —lo de estimado me sonó raro— si quieres ascender en esta empresa deberás aprender la “Hipocresía laboral” y saber decir lo que los otros quieren escuchar…—dicho esto me empujó fuera de su oficina y me cerró la puerta en mis narices.
Busqué en el diccionario pero están: “hipocresía” y “laboral” por separado. Me fui una tarde al locutorio de Abdul y consulté en Internet. El buscador me llevó a muchos sitios en cuya mayoría veían con malos ojos la conjunción de las dos palabras. Entonces fue cuando se me ocurrió la brillante idea: al Jefe de los Contables se le había escapado la frase por la alegría de encontrar los papeles que necesitaba o me la había regalado… Si hay una receta tan escueta para triunfar, lo más probable sería que todos los que la hubiesen empleado dijesen que no servía por “hipocresía laboral”
Estaba muy claro que para poder decirles a los demás lo que quieren oír, hay que prestarles atención antes y para ejercer la “hipocresía laboral” se debe ser muy buen actor, meterse en el papel y entender que toda la sangre que corra es simple salsa de tomate.
Hoy me han acabado mi despacho. Tiene aire acondicionado individual, ordenador con internet de banda ancha y han cogido a dos chavales para que me ayuden. Casi he duplicado el sueldo y mi trabajo es sencillo.
Al gerente le agrada que le digan lo bien que comanda el timón y que tiene razón en todo. Además en necesario estar “superconvencido”.
A quienes le siguen en el escalafón les resulta de mucha utilidad tener noticias frescas de los que navegan en la red durante la jornada laboral, los que hablan en los pasillos,  si fulanita se peleó con menganita o sultanito se rebeló contra el sistema e intentó romperle la crisma al jefe y lo que está dispuesta a hacer Pepita con tal de obtener un poco de poder.
Yo sonrío y actúo, que por algo me llaman Inocencio y tengo la cara que tengo frente al espejo… 

Popular posts from this blog

¿Por qué la adolescencia tiene tanta mala prensa?

Yo me he rebelado con llamar adolescencia a ese período de la existencia. Es que la palabra adolescente está ubicada entre adolecer y adolorido, y conlleva la sensación de padecer una enfermedad inevitable que se cura con el tiempo, como la gripe, y que puede paliarse aprendiendo a usar tampones, preservativos, cremas depilatorias, maquinillas de afeitar o fumando. Por ello he elegido «Renascencia» y la he definido como la etapa de la vida en la cual constatamos que podemos relacionarnos con los demás sin dejar de ser nosotros mismos. En ella aplicamos nuestras cualidades innatas y contrastamos los valores aprendidos en la familia o proclamados por la sociedad.De más está decir que hay personas de noventa años que todavía no la han superado. De ahí el valor de esta novela, ubicada temporalmente en el punto en que comenzamos a asomar la cabeza a un mundo nuevo, extraño, muchas veces incomprensible y las más de las veces profundamente cruel e injusto. Pero también tiene algo de misterio…

¿Cuándo comenzó su Renascencia?

Y usted preguntará: ¿Y eso qué es? Es normal que lo pregunte porque «Renascencia» es el acrónimo entre renacer y adolescencia. Y puede que usted diga: ¡Ah!, esa edad difícil o «la edad del pavo» como suelen llamarla algunos que deben haber nacido siendo adultos, porque de otra manera no se explica que la llamen así. O han intentado olvidarla de tan terrible que fue.Es que pareciera ser que la adolescencia fuese una clase de enfermedad que se cura con el tiempo. «¡Ya pasará! Es una adolescente». Cuando quise ponerle título a una novela juvenil que abarcaba el proceso de paso del niño al adolescente, quise investigar sobre esta etapa y lo que decían los expertos sobre ella. Y me encontré con que la definición tradicional dice más o menos lo siguiente: «Adolescencia es el lapso de tiempo que los individuos necesitan para considerarse socialmente autónomos» ¿Qué? ¿Socialmente autónomos? Si como sostiene el Psicólogo Erik Erikson, el desarrollo es un fenómeno psicosocial que se extiende dura…

¿Poco yo? Parte 1

Todos tenemos días en que nos sentimos poca cosa... casi insignificantes. ¿y si mirásemos al ser humano como si fuese un producto que compramos al nacer? El producto ser humano consta de dos partes principales: ·Componentes visibles ·Componentes invisibles Ya sé que le parecerá una verdad de Perogrullo. ¡Qué descubrimiento! ¿No? Pero de alguna manera hay que comenzar a desenredar la madeja. Creo que todos los colores de este producto al que llamamos ser humano constan de estos componentes sin excepción: negros, blancos, amarillos y todos los tonos intermedios. Como puede ver, en esto también somos iguales. Incluso comparten estas características todos los modelos de las diferentes marcas: varones, mujeres, transexuales, homosexuales, bisexuales, lesbianas y asexuales. Ocurre lo mismo con los tamaños y formas de los diferentes modelos: altos, bajos, flacos, gordos, niños, adultos, bellos y feos. Recapitulando, el producto ser humano tiene como finalidad ser feliz y viene de fábrica con dos …