Thursday, December 27, 2012

Navidad o Solsticio de Invierno

Este post lo publiqué en la Navidad de 2012. Como entonces, este año 2016 tampoco festejaré la Navidad tradicional. Eso sí, a la vista de todos parecerá que sí. En esta ocasión no hemos entrado el pino. Hemos preferido dejarlo fuera y montar el árbol sobre una rama seca plagada de piñas. el significado es el mismo y el pino no sufre tantos días en la oscuridad. ¿Es por snobismo?
NO
¿Es por creencias personales?
Tampoco.
La realidad es que el ser humano necesita de símbolos. Pero a veces, los símbolos que hemos heredado están «bastante contaminados». La Navidad es uno de ellos.
Y no me refiero a la comercialización de la fiesta, sino a lo que en verdad representa. Como no quiero extenderme en consideraciones que aburran, si queréis saber más, podéis leer el post que publiqué entonces. Es tan válido hoy como hace cuatro años. ¡Feliz Solsticio de Invierno!

 

Este año no he festejado la Navidad. Pero he montado el árbol: un pino natural que nos acompaña plantado en un tiesto desde hace varios años y que entramos al interior en esta época. Lo hemos engalanado con búhos confeccionados con piñas que creó artesanalmente una de mis hijas. Completamos el montaje con hadas, esferas doradas, lazos rojos y una guirnalda de luces del mismo color. Tampoco faltó el ramo de muérdago en la entrada o la corona de roble con detalles rojos y dorados. Sobre el espejo de la sala colgamos un ikebana realizado con piñas, ramas de ciprés, cintas rojas y una guirnalda dorada imitando los cristales de hielo. No faltaron en los árboles del jardín las cascadas de luces que se continuaban por los marcos de las ventanas y hasta el buzón del correo estaba engalanado con ramas de ilex y frutos silvestres rojos. El centro de mesa era un plato con agua adornado con piedras, ramas de romero y pino, pequeños caracoles, cristales de cuarzo y una vela naranja rodeada de cuatro velas blancas.
Por supuesto que podéis preguntaros ¿y eso no es una decoración navideña?
Por supuesto que no.
El árbol de navidad tiene su origen en las fiestas paganas de media Europa para celebrar el solsticio de invierno. Es decir la noche más larga y el día más corto del año. Los adornos rojos y dorados simbolizaban el fuego y la luz en una clara plegaria para que volviera a triunfar la luz sobre la oscuridad. Entrar un árbol dentro de casa era una manera de agradecer a la naturaleza el retoñar tras el duro invierno y los frutos rojos una ofrenda por las cosechas acabadas de recoger y la esperanza por la nueva siembra. El muérdago era la planta mágica de los druidas, la que los protegía de los rayos, la maldad, las enfermedades y otorgaba fecundidad a las mujeres para poder concebir.
Los regalos que intercambiamos a medianoche tampoco pertenecen a la Navidad. Santa Claus, el Padre Noel o como queráis llamarle era para los vikingos El Padre Invierno y lo agasajaban con abundante comida para que fuese benévolo. Incluso se hacían escenificaciones por las cuales alguien se disfrazaba y todos le daban de comer y beber. Con el paso del tiempo el Padre Invierno se confundió con Nicolás, un hombre rico y famoso por su generosidad que hacía regalos a los niños pobres.
Eso sí, yo no monté un pesebre porque Jesús no nació un 25 de diciembre sino un día de setiembre u octubre. Y si lo hubiese hecho no podría haber sido recibidos por pastores puesto que en esas fechas no hay oveja que no esté dentro de un cobertizo y sus cuidadores recogiditos junto al fuego. Es que en diciembre no hay pasturas. Tampoco puse una estrella en el árbol porque no la hubo para guiar a los famosos reyes magos y si me apuráis quizás no hubo virgen, san José y vaya a saber cuantos detalles nimios más. Quizás me tacharéis de blasfemo o quizás habría que juzgar las concesiones que hizo la autoridad eclesiástica durante veinte siglos para congraciarse con todos los intereses. Como ejemplo vaya el hecho de que posiblemente fue para conformar a los basilidianos de Egipto que comenzó a aceptarse la Epifanía en concordancia con la aparición de Osiris o su homónimo griego Dionisio. Como dato curioso en estas fiestas paganas se celebraba en Alejandría la aparición del sol en la constelación de la Virgen y se veneraba a la Virgen en el templo de Koreión por haber dado luz a Aión, el eterno y homólogo de Dionisio y Osiris. Otro elemento que llama la atención es que en esta celebración y después de varios días de plegarias, los fieles bajaban a una cripta en busca de la estatua de un niño recién nacido que exhibía en la frente, las manos y rodillas las marcas de una cruz y una estrella de oro. Los fieles llevaban la estatua cantando: “La Virgen ha dado a luz, ahora crecerá la luz…”  
Y podríamos continuar con el bautismo de Jesús en el Jordán, las bodas de Caná y muchas influencias posibles más de ritos paganos sobre el imaginario cristiano.
Por eso yo, en definitiva no festejé la Navidad, al menos la tradicional. Lo que sí celebré fue el inicio de un nuevo ciclo en la noche más larga del año. Acepté que hay oscuridad en mí, comprendí que a lo largo del año había acumulado rabia, rencores, frustraciones, intolerancias, impotencias y que era bueno hacerlas conscientes porque sin oscuridad no hay manera de apreciar la luz. Y en ese punto de inflexión del solsticio de invierno a partir del cual la oscuridad comienza a ser vencida por la luz, me permití a mí mismo obtener todo lo que necesito para brillar, para alumbrar cada día un poquito más.

Sunday, November 11, 2012

Presentación de "Yo, Úrsula"... por todo lo alto.

Los pronósticos eran de regulares a malos. El tiempo daba lluvia y el clima hablaba de unas elecciones cuya campaña electoral comenzaba junto con la presentación del libro. Mala época, mala fecha... un escritor que no ha salido de su cueva en años... La presentación es en Amposta, en la biblioteca Sebastiá Juan Arbó. Me encanta el edificio, ubicado en el área del castell, junto al Ebro. Muchas de las personas que he invitado me han dicho que no la conocen, desanima... "Si no sabes lo que tienes en tu tierra estarás condenado a buscar maravillas fuera"
Joana Serret, la bibliotecaria fuerza su sonrisa, estamos entre cactus y amapolas...
Hay una realidad que aunque querramos esconder está ahí: Ricardo Lampugnani no es hijo de...y si alguien ha de venir a la presentación de su libro, no tendrá que ver con parentescos o compromisos.
Apenas una hora antes, los nervios estaban a flor de piel.
Organización perfecta, todo en su sitio como si siempre lo hubiese estado. Las corridas, las llamadas, los apurones no se notan...

Antes que den las 20hs. hay bastantes sillas ocupadas. Es una hora complicada porque muchos comienzan a salir ahora de su trabajo. Dejamos pasar diez minutos de cortesía y comenzamos: Abre Joana Serret, un sol de bibliotecaria y continúa Mar Panisello, Regidora de Cultura del Ayuntamiento de Amposta. Mi reconocimiento... No todo tiene precio. Y dos hileras de sillas vacías destinadas a personalidades lo demuestran.
Mientras Ane hace la introducción intento no mirar al público, demasiada gente que no conozco. Está Josep Igual, tremendo escritor y poeta que destaca por su barba y por ser uno de los pocos hombres de la sala. Y cuando quiero darme cuenta ya está en pantalla el booktrailer, la sala está llena y hay personas sentadas en los costados, en las mesas de lectura...
Un éxito enorme, una propuesta diferente para una novela distinta.
Y la adrenalina baja y nosotros también para disfrutar de una conversación más distendida mientras bebemos una copa de vino y degustamos unos entremeses... Degustaron porque yo sólo pude dsifrutar de un sorbo de vino. ¿Por qué pensáis que las celebrities no engordan?
Ya hubiese querido comerme un sandwich de los muchos que había: jamón dulce, queso, salami... O unos trozos de pizza... Pero se hacía necesario el firmar libros, hablar con la gente... y eso es poco elegante si se tiene la boca llena.
Agradecimiento extra para quienes han llegado con la lengua afuera, directos de su trabajo...
Reconocimientos de lectores que hace tiempo acabaron "Yo, Úrsula" y venían a por una dedicatoria... Un éxito ¡vamos! y hubiésemos seguido a no ser porque la lluvia arreciaba afuera y debíamos cerrar la biblioteca
Conclusión: una experiencia estupenda. Una presentación distinta a lo que es tradicional para una literatura que sale de los límites tradicionales y aborda los nuevos desafíos de los nuevos lectores...
http://www.amazon.es/Yo-%C3%9Arsula-ebook/dp/B00709CB60/ref=sr_1_1?s=digital-text&ie=UTF8&qid=1340821753&sr=1-1
Un agradecimiento especial a Dinami.Co y a su entusiasta y dedicada directora por el booktrailer y la organización del evento. Agradecer también a Mai y a Marcela y a aquellos amigos que estuvieron dándome soporte.
Para la gran cantidad de asistentes que no conozco: espero que os guste la novela, espero contaros entre mis amigos, espero veros en la próxima presentación y no dudéis en contactar conmigo para lo que querráis:
todobonsai@hotmail.com
O buscadme en facebook o en twitter...



Wednesday, October 31, 2012

¿El portal del ángel?.. Ja, ja, ja, ja




Miré el sobre que yacía en el asiento del acompañante. Por la ventana encelofanada leí por enésima vez la dirección donde debía entregarlo: Carrer Ample 2. Era el último del día y también había decidido que sería el último de mi brevísima carrera de mensajero. Debut y despedida, aquello no era para mí.
No tenía ni idea de dónde quedaría aquella calle pero al ver el pueblo desde la carretera comarcal, me tranquilicé. Estaba encasquetado en la falda de un cerro y me pareció tan pequeño como para encontrar cualquier dirección sin dificultad. Además ya había descubierto que en sitios así la gentileza es inversamente proporcional al número de habitantes y siempre podía recurrir a algún vecino.
Eran las seis de la tarde pero la noche se venía al galope arropada por una niebla un tanto inquietante.
Con cierta dificultad vi el cartel que ponía “Església” – “Ajuntament” con dos flechas, una hacia arriba, la otra a la derecha. Pensé que por más que la Iglesia nos ofreciera el Cielo, lo de ir directo era algo difícil, así que seguí a la derecha. Me topé con una plaza que no tenía salida. Metí la marcha de retroceso y a unos veinte metros encontré una arcada antiquísima. El cartel de madera rezaba “Portal de l’Àngel. Miré por el retrovisor. Todo era niebla y oscuridad. La calle era tan empinada que debí hacer unas cuantas maniobras para entrar al portal y así me di cuenta que el coche apenas cabía en el callejón. Las aceras eran tan estrechas que los espejos laterales casi rozaban las paredes de piedra  que tenían aspecto de ser extremadamente gruesas y sólo estaban interrumpidas cada tanto por puertas demasiado angostas o excesivamente bajas por lo que no parecían estar habitadas por personas de estatura normal. Tampoco era normal que no hubiese una sola bifurcación decente por la que se pudiera girar ya que las dos o tres que encontré estaban a noventa grados y daban a callejuelas estrechas en las que no circularía más que un hombre a caballo. El continuar recto no ofrecía garantía de nada ya que al final del recorrido encontré un zigzag y una bajada tan pronunciada como para temer que el coche se despeñara por ella. Intenté apearme para evaluar la situación pero las puertas estaban encorsetadas entre los muros y dos milímetros más habrían obligado a recurrir al chapista. No podía ir hacia atrás por lo que puse las manos sudadas en el volante y tiré de él mientras bajábamos un poco rodando y otro deslizando. Llegamos a otra plaza muy pequeña de la que partían tres corredores a cual más angosto y sinuoso. Abrí la puerta e intenté bajar pero mi pié izquierdo no encontró firme donde apoyarse y debí hacer un gran esfuerzo para no caer. El coche había quedado a escasos diez centímetros de un hueco por el que se descendía a través de escaleras de piedra a vaya saber dónde. Ya era noche cerrada, la luz del alumbrado se difuminaba entre aquella boira y no llegaba al suelo, no había un alma a quién preguntarle la manera de salir de allí. Bajé los cristales y cerré los espejos laterales, elegí el callejón que me pareció más ancho y aunque poco me ha importado el chirrido de las chapas contra los muros, no he podido avanzar más de cincuenta metros antes de quedar varado. De las puertas estrechísimas y los portones excesivamente bajos han comenzado a salir personajes extraños. Los hombres visten harapos: pantalones a media pierna, chalecos de piel mugrienta y gorros con coleta de conejo. Las mujeres son casi enanas y gruesas y llevan enormes enaguas debajo de las cuales no deben  usar ropa interior ya que acabo de ver a una que a la luz de los faros ha hecho sus necesidades en plena calle y apenas agachándose.
Ahora, como si se percataran de repente, se arremolinan frente a mí, son tan feos que su visión corta la respiración y huelen a suciedad revenida que entra al coche aunque tenga los cristales levantados. El que parece ser el cabecilla se acerca a la luna delantera y gruñe con la boca abierta. Le quedan dos o tres dientes amarillos y tiene la lengua verde. Por la derecha aparece otro que lleva una maza de piedra con la que comienza a golpear la carrocería; el ruido parece ser una señal para que todos se lancen encima del coche… veo manos regordetas que hacen rechinar las hoces que empuñan contra los cristales y escucho el tronar de los garrotes que machacan el techo… y al frente, entre las manos aceitosas y los pubis desnudos que resbalan por la chapa encerada, veo iluminado por el único foco que queda sano, a un monje encapuchado que se apoya en una pértiga. Aterrorizado elevo la vista hacia el extremo del palo y me parece advertir en la penumbra, entre la niebla, la silueta de un ser humano, clavado en la pértiga y casi convertido en esqueleto.

Thursday, October 25, 2012

De agentes editoriales, editores y otros intermediarios


Durante las VII Jornades de les lletres Ebrenques 2012, se realizó una mesa redonda coordinada por el periodista Manel Ramon, director de Amposta Radio y como no podía ser de otra manera surgió la pregunta del millón: ¿Hay suficiente control sobre los contenidos de lo que se publica hoy día? Como pareció que nadie entendió muy bien a qué se refería, Manel realizó el inciso de que si hoy internet abre las puertas a que cada uno pueda publicar sin ningún tipo de filtro o pagándose la edición cualquiera puede sacar a la luz un libro en papel... ¿cómo sabemos que lo que compramos es calidad literaria?. Y metió de lleno el dedo en la llaga porque desde el inicio de las jornadas se habían repetido las conversaciones informales sobre los tejes y manejes del mundo editorial.
La mayoría de personas se piensan que cuando se maqueta y procesa un libro hay un equipo de especialistas que corrigen una y otra vez los originales antes de enviarlos a imprenta. Eso podría ser verdad en autores que mueven montañas de dinero. La realidad es que en general quien maqueta también corrige un error si lo ve y a veces es el mismo editor que en la lectura previa hace observaciones que pasa al autor para que este solucione los fallos. En las traducciones el mismo traductor hace de corrector gramatical y ortotipográfico y en la mayoría de casos si no hay erratas es gracias a la pericia del escritor. Las editoriales se han convertido en buena parte en simples intermediarios entre el autor y las librerías.
Otra creencia arraigada es pensar que si una novela llega al mercado a través de una editorial, ha de ser buena. Craso error. Si un autor conocido escribe una basofia que se venderá antes de que nadie la lea, la editorial la publicará con bombos y platillos. Puro negocio, poca cultura y al igual que en la televisión se acaba por no saber si la programación basura es debida al gusto de los telespectadores o si de tanto pasársela por el morro la gente le acaba encontrando el sabor... "Coma mierda que cincuenta millones de moscas no pueden equivocarse"
El hecho es que hoy los que todavía conservan el hábito de la lectura, pueden elegir entre una mujer que demora cuatro capítulos para dejar a su marido y buscar en otro país el olvido o una pseudo Jackeline Susann que no se decide si una vez basta o no. Cualquier mortal pensante debe de creer que en el mundo hay algo más que lo que los editores han decidido poner de moda. Es que yo huiría espantado ante títulos como "La Cruz de los Templarios", "el Señor de las pulseras" o "Vénte a dormir y hacer sado conmigo"... Pero prestigiosas editoriales avalan estos productos que además puede que te bajen el colesterol y están libres de grasas saturadas. Lo bueno, lo que se pulsa entre los escritores... es que estamos cansados de que nos tomen el pelo, de que nos estafen y de que nos cobren el café a precio de brandy del bueno. Y quedó patente en la entrevista, y en las conversaciones posteriores... Para hacer lo que hacen los editores, agentes y editoriales en general, ya lo hacemos nosotros y hasta mejor porque es "nuestro producto", "nuestra creación" y "nuestro esfuerzo"... Que chupar del bote gratis ya lo hacen los políticos...

Monday, October 22, 2012

El cuento infantil

Durante las "VII Jornades de les lletres ebrenques 2012", tuvo lugar una mesa redonda sobre el cuento infantil. Yo le tengo mucho respecto a este género, creo que se ha de saber bastante sobre psicología infantil, sobre la evolución, los gustos y los intereses de las distintas edades... y por encima de todo no tratar a los niños como tontos por el hecho de ser pequeños. Por todo ello tan sólo en una oportunidad se me ocurrió escribir uno... y nunca más.
Allí fui, dispuesto a aprender sobre los parámetros en los que quienes los escriben se basan para crearlos. Lo primero que me llamó la atención fue que alguien dijera que muchos consideran este género como menor... ¿MENOR?
El otro hecho remarcable fue que en la sala la mayoría de personas eran grandes, digamos muy grandes... Pensé que quizás se trataba de que los abuelos habían vuelto, como cuando yo era pequeño, a contar cuentos a sus nietos. Pero, ¿y los padres?.. lo siento, si había un par era mucho.
Me agradó sobremanera que se hablase del avance del cuento infantil en la eliminación  del sexismo, la xenofobia y la discriminación, me defraudó el confirmar la sospecha de que ya los pequeños no leen fuera de las horas de clase. ¿La causa?: no tienen el ejemplo de sus mayores.
Estuve a punto de hacer una pregunta: ¿Cómo os adaptáis los escritores de literatura infantil a los avances tecnológicos? porque entre las plays, las tabletas, los epads, la tele y los móviles con todo tipo de aplicaciones a disposición de los niños... o se acorta la niñez y nos quedamos con los chavales de tres a seis años o aggiornamos el libro porque ¿qué atractivo podría tener para alguien con semejante oferta un bloque de hojas con dos tapas de cartón? Ya puedes troquelar y colorear que allí no hay botones ni mandos...
Entonces recordé a una escritora cuyo nombre no me viene a la memoria. Estábamos haciendo un programa de televisión en directo y ella había ganado un premio por un cuento que había escrito. Tampoco recuerdo el nombre del cuento pero si el tema de que trataba: Era la historia de un niño del futuro que deseaba un juguete nuevo, uno que pudiera dejar en cualquier momento si le apetecía hacer otra cosa, pero que pudiese retomar en el punto en que lo había dejado; uno que le permitiese imaginar una película, la cara de los protagonistas, que fuese tan automático que ni siquiera lo tuviese que encender, al que no tuviese que recargar ni cambiar pilas ni enchufar a la elctricidad  y que además le contase historias sin hacer ningún ruido... Y el ñiño del futuro reinventó el libro... de cuentos.
Cuando acabó la mesa redonda no quedé con un buen sabor de boca pero al bajar a la sala infantil me encontré con una buena cantidad de padres y abuelos que habían llevado a sus niños a ver y escuchar al payaso Muniatto.
—Algo es algo —me dije.

"Arbó, el home del Sud"

Bajo esta denominación vimos por segunda vez la proyección de este cortometraje del cineasta ampostí Santi Valldepérez... Impecable en su ejecución, impresionante en el trabajo de grabación... Creo que la excusa era homenajear a Márius López i Albiol, filólogo y estudioso de la obra de Sebastiá Juan Arbó. Merecidísimo sin duda.
 

Sunday, October 21, 2012

"VII Jornades... de Marta Pessarrodona a Joaquim Vilarnau.

La cita era para Marta Pessarrodona... http://elpais.com/diario/2006/03/11/catalunya/1142042844_850215.html, pero no ha estado bien desde hace días y desde el martes ha debido ser ingresada en el vall d'hebron. ¿Quién sustituye a alguien de este peso? Quien cuide su carrera dirá: —¡NO, gracias! y tan sólo alguien de corazón grande aceptará comerse el marrón en dos días... Xapó para Joaquim Vilarnau! que hasta nos hizo mover el pie derecho al compás...

"VII JORNADES DE LES LLETRES EBRENQUES 2012" La apertura

Aunque hubo otras actividades anteriores, unas jornadas no comienzan... hasta que no se presentan como Dios manda y los presupuestos lo permiten. Y éstas lo hicieron el viernes a las diecinueve horas en la sala de adultos de la biblioteca.
Joana Serret, la bibliotecaria hizo hincapié en el esfuerzo que conlleva para un equipo casi inexistente, la organización, puesta en marcha y realización de este tipo de actos. También hizo un llamado, más bien un ruego a las instituciones privadas que ponen el hombro a la cultura para que mantengan su apoyo... Siempre he dicho yo que para los políticos el arte es un costo molesto.
Luego tomó la palabra la Regidora de Cultura. Mar Panisello nos emocionó con un relato. Es que el año pasado, justo para las VI Jornades, Joana Serret debió ser ingresada de urgencia y no pudo estar al frente del barco. Los reconocimientos son buenos, a veces una palmada en la espalda es el mejor regalo a una labor que difícilmente pueda pagarse con dinero.
Por último habló el Alcalde Manel Ferré quien intentó con toda la cintura política, soltarse del lazo. Fue bastante risueño oirle decir que pese a los recortes se habían continuado haciendo cosas como los proyectos XYZ y la Bienal de Arte de Amposta. Me recuerda al judío que tenía un burro y con buenas maneras y palabras intentaba enseñarle a no comer, pero a seguir trabajando. ¡Y casi lo consiguió!, de no ser porque cuando ya estaba a punto... el burro se murió.
A lo largo de toda la jornada quedó demostrado un hecho que he visto muchas veces en estos últimos diez años: el orgullo de la gente del país por la faena bien hecha. ¡Felicidades! Y... ¡no bajéis los brazos!





Tuesday, September 11, 2012

Cómo escribir cuentos y novelas - Mi cocina de autor literario



Así como en otra entrada os he dejado husmear en mi cocina y probar algunos trocitos de mis recetas. Hoy comenzaré con algunas preparaciones literarias. No significa esto que sean las mejores, tampoco que a vosotros os dé el mismo resultado que a mí pero quizás os ayude a mejorar o a comenzar o a replantearos algo.

  • Quizás lo primero que debería preguntarme es: ¿qué quiero decir? A veces toda una novela se basa en una sola frase, pero es importante saber el mensaje de lo que quiero transmitir.
  • Lo segundo que es bueno pensar es: ¿a quién va dirigido lo que estoy por escribir? Y esta pregunta, realizada y mal interpretada por muchos autores famosos, ha dejado muchas perlas. — ¡Yo escribo y el que quiera leerme que me lea! —ha dicho más de un consagrado. Pero no se trata de eso. Se trata de pensar si lo que pienso escribir es para mi propio disfrute, si es el desahogo de una emoción o de un pensamiento que me agobia o si por el contrario va dirigido a un lector que no me conoce y debe utilizar su propia imaginación y entendimiento para interpretar lo que quiero decir.

En otras entradas hablaré de cómo saber si un tema es interesante, qué aditivos debería incluir la historia para que tenga la posibilidad de gustar más, cómo comenzar y en que parte del hilo conductor. Por ahora centrémonos en estos dos puntos:

¿Qué quiero decir?
He leído infinidad de novelas en las que al llegar al final, después de adentrarme en aventuras, desventuras, amores, desamores, odios y pasiones… me quedo igual. ¿Qué me quiso decir el autor que no me lo hubiese podido contar la vecina de la esquina?
No hay un objetivo, son anécdotas hilvanadas que no tienen más finalidad que llenar páginas e intentar demostrar lo buenos que somos escribiendo. Si sé cual es el mensaje, cual es el nudo de mi historia, puedo llevar al lector hasta el último capítulo y hacer que aquello que le he ido susurrando al oído, explote de pronto frente a su cara. O que sea todo lo contrario a lo que le he sugerido que pasaría. El cuento o la novela no decae ni se diluye.

¿A quién va dirigido lo que estoy por escribir?
En términos generales quien es escritor o pretende serlo algún día, escribe para el público. Habrá quien lo hace para sí mismo, para sus amores reales o ficticios, sus parientes o sus amigos; en cuyo caso puede dar rienda suelta a su genialidad, a su creatividad y a sus deseos de innovar e inventar otra vez la rueda. Si alguien no entiende lo que dice, siempre puede llamarle o enviarle un mail y explicarle lo que quiso hacer. Sin embargo si pretendo escribir para la gente, el camino pasa por otros andariveles Esto que parece una verdad de Perogrullo es la piedra en la que tropiezan muchísimos autores.
Si escribo para los lectores debo pensar en que: ellos no están en mi cabeza, los saltos en el tiempo, los cortes abruptos en el hilo de una trama y entremezclar personajes que no han sido perfectamente identificados y descriptos o son de dominio público… entorpecen la lectura.
A mí me puede parecer genial el creer que estoy escribiendo como quien realiza una película… ¡Psss!, ¡para chaval!, que estas son letras y el dueño eres tú hasta que alguien más las compre. Es importante llevar al lector de la mano a lo largo de la trama sin que se pierda porque si lo hace puede que cierre el libro y no vuelva a leer nunca más algo nuestro.
Creo que por hoy es suficiente, cuidado con las cacerolas al salir de mi cocina y ya sabéis: — ¡Nada de tocar!

Thursday, August 30, 2012

La fatalidad de la rosa y el Picaport

¿Quiénes comprobaron antes la eficiencia de los campos de exterminio de Mauthausen y Gusen?
¿Los judíos o los españoles?
Con seguridad muchos diréis que los judíos. Pero no fue así. Los primeros fueron los españoles a los que se debe incluso la construcción en piedra. En agosto de 1940 llegaron cuatro convoyes cargados de españoles hacinados en vagones para animales. En el tercero de ellos viajaban Rosa, su madre, su abuela, su padre, su tío, su abuelo y su primo de corta edad. Además viajaba Felipe Aviña Boix con su padre. Rosa y Felipe son los protagonistas de esta historia. ¿Cómo vive sententa años después alguien a quien le arrebataron casi a toda su familia? ¿Puede olvidar quien vio morir a los suyos?
¿Qué pasará cuando ambos personajes se encuentren?
Después de todo lo que se ha hablado y contado de los horrores del Holocausto y las masacres nazis, todavía hay historias que merecen ser vividas, porque quienes sobrevivieron debieron continuar.

"La Fatalidad de la Rosa y el Picaport"

Pronto...


Wednesday, August 29, 2012

¿Qué es lo peor del machismo?... Que muchas mujeres se lo creyeron.

No hay que ser muy avispado/a para darse cuenta que el machismo ha marcado la historia desde hace siglos. ¿de dónde surge?, pues de una errónea interpretación de las enseñanzas de Dào Dé durante la época en que se gestó la filosofía del Tao. Un error que ha generado atrocidades enormes, pospuesto millones de almas y truncado la vida de quienes hubiesen podido ser ejemplos para la humanidad. Pero lo peor no es que el hombre haya continuado con esta filosofía y estas prácticas absurdas. Lo peor es que la mujer se lo ha creído y en lugar de desarrollar sus cualidades ha reaccionado contra la injusticia. Y no es que no esté de acuerdo en reaccionar contra algo que a todas luces es una aberración, sino que la reacción es un acto, no una conducta ni una actitud. Y hoy seguimos encontrando mujeres que en lugar de ocuparse de sus sueños, en lugar de ser capaces de vivir su vida y edificar su futuro, se pierden en el lado oscuro, en intentar dominar para demostrar que son más. ¿Más?, eso sigue siendo reacción.
"La fuerza sólo atrae a la fuerza"
"La riqueza no alimenta el espíritu"
"El ansia de poseer sin límite ciega al ser humano y lo convierte en un mosntruo codicioso y violento"

Por eso escribí "Yo, Úrsula". Como un homenaje a aquellas que han roto el molde...
http://www.amazon.es/Yo-%C3%9Arsula-ebook/dp/B00709CB60/ref=sr_1_1?s=digital-text&ie=UTF8&qid=1340821753&sr=1-1

¿Tan sólo contar una historia o tener algo que decir?

Si hay algo que siempre me ha interesado es la investigación. Comprobar de manera fehaciente que lo que uno intuye o supone puede llegar a ser cierto produce una gran satisfacción. cuando comencé a escribir Teucro deCreta tan sólo tenía la sensación de un violín encerrado en una enorme roca y un muchacho observando el mar, con las piernas colgando, sentado al borde de un barranco. Me había topado con la cruda realidad de que el capital quiere bastardear el arte. Sí, los empresarios pretenden transformar la producción de una obra de arte en meros actos rutinarios y consecutivos ejecutados por unos operarios o máquinas o robots sin ninguna conciencia de lo que están haciendo. Y lo peor del caso es que después osan vender esa pseudo obra de arte como algo elaborado con mimo, con cuidado por expertos con años de experiencia. ¡Menudo timo! Y para colmo de males el grueso de la gente tiene tan poca idea que pagan lo que no vale porque aquel objeto les da importancia.
La primera idea que se me vino a la cabeza fue que el pecado original era de la Revolución Industrial. No, no. ¿Del Renacimiento? Puede, creo que serán incontables los retratos que debieron hacer los pintores para no morir de hambre y merecer el mecenazgo de algún acaudalado Señor. Sin embargo tampoco me convenció la idea y comencé a pensar en el origen de nuestra civilización occidental, en lo que nos han enseñado como cuna y máximo desarrollo de la actividad humana en occidente: La Grecia Clásica. Y hete aquí que descubrí que durante la guerra del Peloponeso, ocurrió un cambio profundo en la mentalidad de los giregos: nació la mediocridad. Y la mediocridad necesita de la seguridad para subsistir. La mediocridad necesita manuales de bricolage, actos reiterativos y llevar la creatividad a la periferia. Yo sé que muchos de vosotros quizás no lo entenderéis, pero la única posibilidad de ser un héroe es hacer cosas distintas cuando todos hacen lo mismo. El peligro es que siempre existirá algún mediocre que a esa creación le busque la manera de industrializarla. Por eso escribí Teucro deCreta: Todo va a alguna parte. No es sólo una historia, es un mensaje que el que pueda entender... que entienda.http://www.amazon.com/Teucro-deCreta-alguna-Spanish-Edition/dp/147752536X/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1346252149&sr=8-1&keywords=teucro+decreta

Monday, August 27, 2012

Lo que voy escribiendo...

Los escritores somos un poco como los icebergs. Sí, eso creo. Lo que mostramos es tan sólo una parte de nuestro trabajo: la que se edita, la que ve la luz y en líneas generales esa parte está desfasada en el tiempo. En raras ocasiones comentamos lo que estamos escribiendo ahora, en tiempo presente. Quizás sea temor a que nos copien y alguien publique una historia parecida antes que nosotros, tal vez sea una cábala para que nuestra obra tenga éxito después de cocinarse en absoluta soledad.
Hoy quisiera haceros partícipes de mi cocina de autor y enseñaros de manera escueta lo que vendrá después de "Teucro deCreta: Todo va a alguna parte" y la ya bastante conocida "Yo, Úrsula".
¡Entrad!, podéis oler, mirar y sentir pero no tocar. Es que este es mi personal caos organizado y cualquier movimiento que se realice sin que mi cerebro lo detecte... implicaría horas de buscar. ¿Véis el libro de tapas rojas?, sí aquel que parece contener anotaciones que sobresalen de sus páginas. Pues no son anotaciones, son páginas que se han desprendido porque la edición es de 1980, precaria y sin ninguna pretensión comercial. Es uno de los pilares de la novela que estoy escribiendo hoy. Debajo del libro rojo veréis una libreta. Es mi recetario particular. Allí podéis encontrar desde teléfonos de contacto hasta ideas todavía no desarrolladas pasando por la definición de infortunio, los nombres de Arístide Soulier, Ziereis, Bachmayer o la dirección web de un documental de antena 3. Pero lo que quizás os asombraría es la definición del Yin, el principio femenino del Feng -Shui, que es más falso que la falsa moneda porque proviene del Dào Dé pero sólo toma los elementos negativos... el Yin es la cualidad del agua... que fluye con suavidad y controla las cosas sin gobernarlas. Y en la pila de libros de la derecha encontraréis un cuaderno del año 2005, que compré en un aeropuerto, la revista del "Campanari de Xerta", mi agenda y un par de diccionarios. Ahora os abriré los archivos de dos novelas: "Renascencia" y "Las Marcas de San Cosme". La primera podría catalogarse como una novela juvenil para que lean los jóvenes, los padres que tienen hijos en el límite de la pubertad, los que algún día serán padres y los que han sido hijos, es decir todos... Os dejo leer unas líneas:

"Nosotros éramos niños sin tecnología pero no éramos tontos. Conocíamos todas las casas abandonadas del barrio y también  las que estaban ocupadas, aunque parecieran desiertas. Sabíamos que en algunas se desarrollaban historias secretas, tan secretas y tan terribles que necesitaban la mugre y el olor a humedad para ser viables. Las horas de la siesta y el crepúsculo eran las preferidas para entrar en acción y eran esos momentos en los que parecíamos lagartos. Montados a horcajadas de los muros, soportando el calor y lo rugoso del revoque, aguantábamos horas hasta que los ojos nos comenzaban a lagrimear de tanto fijar la vista. Buscábamos sombras que se moviesen, cruzando las ventanas de cristales opacos y rotos por nuestras propias incursiones anteriores.
 —¡Eh!, Agu, he visto algo —me susurraba el  “bombilla”. Lo llamábamos así en alusión a la forma de su cabeza.
—Yo no he visto nada —acotaba  el “cerilla”, quien obviamente era pelirrojo.
—Es que tú no ves  —sentenciaba “el rata”.
Ese era el momento en que el “cerilla” bajaba de un salto, se quitaba las gafas; —su padre lo tenía sentenciado si las volvía a romper —y los dos se trenzaban en una pelea que terminaba inevitablemente en camisetas desgarradas y narices manando sangre. Estábamos tan acostumbrados que llevábamos gasa y esparadrapo en los bolsillos para taponar la hemorragia, cubrir los rasguños y así no tener que volver a casa por ayuda.
Así descubrimos entre narices rotas y lomos torrados por el sol, que Mingo, el tendero de la esquina, se escapaba a la hora de la siesta para tirarse a Sofía, la hija de la panadera, quien no debía pasar de los diecisiete. Mingo era casi un anciano que vendía desde lencería supuestamente fina, a manteles de hule por metro y ropa de marca fraudulenta. Pero lo espeluznante resultó ser que la jovencita de mirada esquiva y curvas pronunciadas, hacía lo mismo con el de las pompas fúnebres, recordado por estar siempre puliendo y lustrando el Impala negro de los servicios y con el Tano repartidor de bombonas de butano. Lo que más nos indignaba y por qué no decirlo también nos excitaba era que martes y jueves, sábados y domingos, Sofía se paseaba del brazo de su novio oficial: delgado, pálido, alto y con ojos de buey enamorado. Ella ponía cara de gata junto a la estufa y se dejaba hamacar en los juegos de la plaza."
¡Pss!, ¡suficiente! Ahora os dejo hurgar un poco en "Las Marcas de San Cosme":
"El pueblo de San Cosme es bonito. Las calles están pavimentadas con pizarra y son peligrosamente empinadas; en algunos casos pasan a la altura del segundo piso de las casas de abajo y muchas han sido transformadas en escaleras para salvar el gran desnivel. Las construcciones del casco antiguo datan del siglo XII, tal como lo demuestran las fechas esculpidas en los muros. Muchas han sido recicladas y ello me dio la sensación de estar viviendo en la época medieval. Otras en cambio, muestran el negro de las vigas que otrora formaran el esqueleto de los techos y producen miedo y tristeza, como si se tratase de un muerto. Todavía pueden verse antiguos y enormes candados de hierro en las puertas y gruesas rejas en las ventanas; lo que me llevó a pensar que sus habitantes vivían temerosos. Pero no pude imaginar la razón de aquel miedo en un paraje tan apartado.
En los archivos de San Cosme no hay ningún documento que haga referencia a la historia del pueblo con anterioridad al año mil novecientos y cuando me interesé por los restos de una muralla que serpentea en la parte más baja, obtuve sólo vagas referencias a una fortaleza templaria. Según parece, además de las conocidas construcciones de Lleida, Miravet y Tortosa, hay innumerables fortalezas anónimas que los templarios utilizaban a espaldas de los gobiernos, para consolidar su poderío y evitar posibles invasiones.
Frente a la plaza mayor de San Cosme hay una taberna en la que se comen los mejores embutidos que he probado y unos caracoles con salsa verde que son un manjar. En la puerta, una muñeca de tamaño natural vestida de bruja sostiene en una mano el menú del día y en la otra una escoba. Pese a que hay otros restaurantes y bares, éste está siempre a rebosar. En sus dos pisos superiores funciona una especie de hotel o pensión donde me hospedé todas las veces que fui.
Sin embargo el atractivo turístico principal de la zona se encuentra a unos cuatro kilómetros por una carretera muy angosta que se retuerce entre bosques de pinos. Me pareció increíble que se aventurasen por él autocares de larga distancia que apenas caben. El tránsito en aquel trozo es permanente y hasta hay atascos los fines de semana. Al final del recorrido hay un parking pero siempre está colapsado a pesar que fue ampliado tres veces en un año. Los coches aparcan incluso a ambos costados del camino y los buses pasan casi rozándolos. Un cartel anuncia: Cueva de Bastet – Valle de la Calavera.
Para llegar a la cueva se debe descender por unas escaleras de madera hasta el fondo de un barranco, previo paso por la boletería donde cobran la entrada. El pequeño valle formado por el desnivel del terreno tiene al final una pared rocosa. Al mirarla se descubre la forma nítida de un cráneo que parece pintado sobre la piedra. Sin embargo la imagen es natural, producto del color distinto de las rocas, de allí el nombre de Barranco de la Calavera.
Tras caminar unos doscientos metros por un sendero bordeado de matas de genista y romero se llega a la entrada de la cueva de Bastet.
Los primeros metros del interior están equipados con un sistema de luces de acostumbramiento gradual a la oscuridad y después del primer recodo todo queda iluminado por una luz azul que otorga al sitio un aspecto misterioso como si hubiese bruma. Está prohibido hacer fotos con flash puesto que se trata de una cueva “viva” y las que hice sin él salieron totalmente oscuras, como si no hubiese nada.
 En algunos momentos se tiene la sensación de perder la noción del espacio y de las distancias entre los objetos, por lo que el recorrido está delimitado por cuerdas y se recomienda caminar con lentitud pero sin detenerse.
La luminosidad azul proviene de una estatuilla piramidal de base triangular instalada sobre un altar de piedra. Los detalles no son observables en el interior de la cueva, pero fuera hay abundante material que permite ver que la pirámide acaba en una cabeza de rasgos humanos y sexo indefinido.
Sobre las paredes de la cueva hay imágenes pintadas de una mujer con cabeza de felino. Los dibujos conservan una altísima definición y parecen haber sido pintados por artistas distintos y en diferentes épocas. En los más antiguos la mujer está de perfil y los trazos recuerdan los jeroglíficos egipcios. En los más modernos la figura parece salirse de la pared, la mujer se ve de frente, con el ombligo y los pechos al aire. El resto del cuerpo está cubierto con una vestimenta como si fuese una malla constituida por  pequeñas escamas pintadas una a una. Todas llevan en una mano algo que en un inicio me pareció un manojo de llaves y luego supe que es un instrumento musical antiguo llamado sistro"
Por último: "La Fatalidad de la Rosa y el Picaport", una historia que vino a mí sin quererlo: 
 
"Rosa estaba sentada bajo la parra con las manos sobre el regazo y la mirada fija en algún punto del muro de piedra que limitaba el jardín con la calle. A ratos su mano izquierda se apretaba en un puño cerrado y la derecha alisaba los pliegues del delantal cuadrillé. Siempre había sido así y siempre lo sería. Sus hijos y sus nietos lo sabían y respetaban aquellos momentos en que Rosa penetraba en su mundo… o se evadía de la realidad. Y aquel punto del muro de piedra en que fijaba la mirada era el cerrojo de su universo paralelo. Pero esta vez la puerta no se abrió. El muro seguía ahí como un conglomerado de piedras unidas por la argamasa en cuyos recovecos habían comenzado a crecer unas argilagas.
 Entonces vio pasar al forastero. Él se apoyaba en un bastón para caminar y vestía bermudas color marrón, camisa a rayas y una gorra de tela de algodón en la cabeza. No había dudas, no era del pueblo pero aun así la breve mirada que le dedicó, produjo en la cabeza de Rosa una pequeña revolución.
—Un hombre majo, bien plantado… mayor pero conservado —se dijo Rosa en un intento de explicarse a sí misma la sensación extraña que había sentido.
Al forastero le había sucedido algo similar. Tan sólo hacía dos días que había llegado a Xerta después de casi veinticuatro horas entre vuelos y aeropuertos. Apenas había superado el jet lag y atribuyó la sensación de familiaridad con la mujer sentada bajo la parra a alguna neurona que se negaba a aceptar los nuevos usos horarios.
Xerta es un pueblo pequeño de la provincia de Tarragona. Su ubicación estratégica recostado sobre los meandros del río Ebro lo hizo importante cuando aquel curso de agua servía para la comunicación, el transporte y por qué no también para las invasiones y los saqueos. Durante la guerra civil, Xerta fue ocupada por los republicanos y se convirtió en uno de los puntos neurálgicos de la Batalla de L’Ebre que finalizara con la victoria del frente fascista el 13 de Enero de 1939 en Tortosa.
Precisamente por la calle de Tortosa se dirigió el forastero rumbo a la plaza de la Iglesia mientras en su gastada memoria intentaba encontrar una mirada, un gesto similar al de la mujer sentada bajo la parra. Es que no la había visto jamás pero no se fiaba de sus recuerdos. Había muerto tantas veces que quizás aquella imagen pertenecía a una de sus vidas, y quizás no quisiera volver allí."
 Bien, hay más pero deberéis esperar a que decida abrir nuevamente mi cocina o que se publiquen, lo que ocurra primero... Gracias por venir y no toquéis nada al salir; sólo oler, sentir y mirar...

Monday, July 09, 2012

Las grandes novelas que las editoriales rechazaron


 En este artículo de El Confidencial se relatan las peripecias de grandes escritores que estuvieron a punto de no publicar por la miopía y la avaricia de editores y editoriales. También está la mala suerte de Stieg Larsson o del Gabo pero en todos los casos hay un editor incrédulo detrás. Sin embargo y aunque recomiendo la lectura íntegra, que es muy instructiva, quisiera remarcar un párrafo: "Las modas literarias, sin duda uno de los fenómenos que mantiene vivas y con salud a las grandes editoriales, también son uno de sus mayores problemas. Con frecuencia, muchas de las grandes casas de edición se muestran tan obcecadas por subirse al carro del boom vigente que rechazan por sistema cualquier otra historia. Y por supuesto, alguna de esas historias será la que desate el siguiente boom."
 Y héte aquí la madre del problema. El que pega primero pega dos veces y ya puedes escribir parecidito a Tolkien, quizás ganes dinero y te fiche una editorial. Igual sucedió con la novela histórica cuando se puso de moda. el verdadero problema son los valles... ¿Qué vendrá ahora como nuevo boom? Y cientos de miles de escritores levantan la mano para que el lector los elija. No creo que sea así. 
Yo no creo en las coincidencias. La raza humana se mueve como un rebaño de gacelas: si hay pasto alto y tierno, que no cuestra trabajo arrancar y todo el mundo dice que es bueno... Ahora cuando comenzamos a intuir que nos han tomado el pelo o se ha acabado el pasto tierno, vamos a por el pasto duro que en definitiva es el que alimenta. Yo recuerdo que una de las novelas que ahora tengo bajo la lupa fue rechazada por el editor debido a que era poco comercial. Yo flipaba en colores: ¿cómo sabes si algo es comercial o no si no haces un estudio de mercado? O siendo más simplistas... la oferta crea su propia demanda. Que puede ser mucha o poca pero es suya. El colmo fue que una amiga de ese editor me llamó para decirme que había llorado todo el fin de semana después de leer mi novela... Bien, los payasos hacen reir, los escritores tenemos el don de la dualidad. 
Una vieja amiga docente me decía hace tiempo que no se explicaba por qué había muchos autores muy buenos que no estaban en las librerías. La explicación es sencilla, o imitas a los que están en la cresta de la ola o tienes tu propia personalidad y te arriesgas a publicar después de muerto o a auto publicarte en Amazon, como fue el caso de Amanda Hocking. Ya quisiera llegar a vender los dos millones de dólares de Amanda y no sólo por el dinero sino para hacerle fack you a tanto fantasma que hay sobrenadando el mundo editorial. Que seáis felices.

EL 'ULISES', HARRY POTTER Y 'EL SEÑOR DE LOS ANILLOS' ESTUVIERON A PUNTO DE NO PUBLICARSE

Las grandes novelas que las editoriales rechazaron

Las grandes novelas que las editoriales rechazaron
La escritora Katherine Neville tuvo que esforzarse para publicar 'El ocho'. (K.N.)
"Pueden impedirte ser un autor publicado, pero nadie puede impedirte ser un escritor". Lo dijo Katherine Neville, una ingeniera y exmodelo de Missouri que recurrió al aforismo después de pasar varios años enviando a editoriales y agentes literarios su manuscrito, un raro thriller entre histórico y esotérico con 64 personajes y una trama que emulaba la táctica del ajedrez. Tras haber esquivado los portazos de todos, probó suerte en 1987 en Ballantine Books, y alguien allí pensó que la novela podría salir al mercado. El ocho eclosionó automáticamente en bestseller en 12 lenguas, requirió decenas de ediciones y vendió millones de ejemplares.
Y no ha sido la única vez que ha ocurrido. Desde el Ulises de James Joyce hasta el Harry Potter de J.K. Rowling –pasando por obras tan reconocibles como Cien años de soledad, El señor de los anillos o La conjura de los necios– son muchos los ejemplos en libros clásicos, superventas editoriales y hasta obras maestras que estuvieron a punto de no ver la luz. La censura y la ceguera editorial, en muchos casos, se confabularon en su contra. En otros, fueron sus propios autores quienes no quisieron publicar.
La odisea del Ulises
Uno de los casos más extremos es quizás el del Ulises del irlandés James Joyce –calificado con frecuencia como el mejor libro del siglo XX–, cuya azarosa publicación tuvo que sortear rechazos tan dispares como el de Virginia y Leonard Woolf, que la consideraron falta de calidad e impublicable, o el de la terrible Sociedad para la Prevención del Vicio de Estados Unidos, que la juzgó corrupta. Incluso cientos de ejemplares de The Little Review, la revista donde Joyce empezó a publicar el Ulises por entregas, fueron denunciados, confiscados y quemados en 1921. Las autoridades antivicio no quisieron, sencillamente, que el Ulises pisara suelo estadounidense.
Por suerte, algunos capítulos de la obra –que en 1920 seguía inconclusa– caen en manos Sylvia Beach, propietaria en París de la legendaria librería Shakespeare & Co. Fue ella quien publicó, en 1922, la primera edición del Ulises. Pese a que Beach recurrió en su distribución a argucias de contrabandismo, como forrar los ejemplares con cubiertas de poemarios de Shakespeare, una cuarta parte de la segunda edición –500 ejemplares– fueron localizados en las oficinas de correos de la aduana estadounidense y quemados inmediatamente. De la tercera edición, que fue enviada íntegramente a Reino Unido, sólo sobrevivió un ejemplar.

Sylvia Beach y James Joyce en la librería-editorial Shakespeare & Co.
Habrá que esperar hasta 1932 para que el libro sea publicado oficialmente en Estados Unidos –aunque circulaba, desde 1929, una versión pirata– y a 1936 en Reino Unido. La primera edición en castellano fue en Buenos Aires en 1946. Al contrario de lo que reza la leyenda popular, el Ulises nunca estuvo prohibido en Irlanda.
La piedra filosofal
Hasta 12 editores creyeron, cuando cayó por sus manos, que el primer manuscrito de Harry Potter y la piedra filosofal no les ofrecía oportunidad de negocio. Después de haber sido rechazado por todos ellos, el agente de J.K. Rowling lo envió a Bloomsbury Publishings –por aquel entonces una pequeña editorial londinense– y su editor jefe, Nigel Newton, no se molestó siquiera en pasar de la primera página. Fue su hija Alice, una niña de ocho años, quien cogió el original despreocupadamente y lo subió a su habitación. "Bajó corriendo un poco más tarde y me dijo que era lo mejor que había leído", confesó Newton años después en una entrevista en The Independent.
Aun así, Newton no tenía demasiada fe en el joven aprendiz de mago, así que se limitó a extenderle a su autora un cheque de 2.500 libras –un mero trámite– y a publicar una escasísima primera edición de 500 ejemplares. Hoy, gracias a Potter, la editorial tiene unos ingresos anuales medios de 100 millones de dólares y sedes en Londres, Nueva York y Sydney. La marca Harry Potter, mientras tanto, se ha valorado en más de 15 billones de dólares y Rowling es y la escritora más adinerada del mundo.
Cuestión de moda 
Las modas literarias, sin duda uno de los fenómenos que mantiene vivas y con salud a las grandes editoriales, también son uno de sus mayores problemas. Con frecuencia, muchas de las grandes casas de edición se muestran tan obcecadas por subirse al carro del boom vigente que rechazan por sistema cualquier otra historia. Y por supuesto, alguna de esas historias será la que desate el siguiente boom.
Es lo que le ocurrió a la estadounidense Amanda Hocking, autora del superventas El viaje, cuyos originales sobre romances paranormales no llegaron a cruzar siquiera el umbral de editorial alguna. "Llevaba intentando conseguir agente literario desde los 17 años", explica. “No quería seguir haciendo lo mismo una y otra vez, así que me decidí por la autoedición, para ver cómo funcionaba, ya que no tenía nada que perder”. Hocking editó sus novelas en soporte digital y las publicó a través de Amazon en 2010. En 2012 lleva recaudados más de dos millones de dólares –la cifra más alta jamás conseguida por un autor a través de internet–, las editoriales ofrecen sumas millonarias por los derechos de su obra y St. Martin Press ha pagado otros dos millones por ficharla en exclusiva.
Superventas, pero póstumas
El tesón, en todo caso, está muy bien como axioma del triunfalismo, pero en la vida real no siempre resulta. Algunos autores de talento no sólo no tuvieron la suerte de ser descubiertos jóvenes, sino que de hecho vieron llegar el día de su muerte sin haber publicado un libro pese a haber llamado a todas las puertas.
Antes de quitarse la vida, John Kennedy Toole recibió la negativa de todas las editoriales a las que envió el manuscrito de La conjura de los necios, una de las cuales llegó a aducir que el libro no trataba de nada en concreto. Años después de su muerte, la madre de Toole encontró el original olvidado en el trastero de su hijo –fechado en 1962– y se empeñó en su publicación. Tras cosechar de nuevo el rechazo de las editoriales, se lo remitió al escritor Walker Percy, que aceptó leerla sólo después de mucha insistencia. En 1980, La conjura de los necios fue publicada y se convertía en un inmediato éxito de ventas. El siguiente año recibió el premio Pulitzer.

El lanzamiento mundial del tercer volumen de 'Millenium', en junio de 2009. (EFE)
El gatopardo, de Lampedusa, o la reciente y célebre trilogía Millenium, de Stieg Larsson, son otros ejemplos de obras póstumas que serían rechazadas por las editoriales. El de Larsson sería un caso particularmente dramático, ya que llegó a fichar por una editorial –gracias a las influencias de un amigo, un prominente editor sueco– pero no a ver su obra publicada. Murió a los cincuenta años, sólo tres días después de entregar el manuscrito del tercer volumen –La reina en el palacio de las corrientes de aire– y pocos días antes del lanzamiento editorial del primero –La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina–.
Cien años de soledad... y de dificultades
Pablo Neruda la llamó "el Quijote de nuestro tiempo" y hasta Mario Vargas Llosa, que con el tiempo se convertiría en el más acérrimo adversario ideológico de Gabriel García Márquez, consagró a Cien años de soledad un ensayo de más de 600 páginas y dijo de ella que es "una de las obras narrativas más importantes en nuestra lengua". Pocos saben, no obstante, que para escribirla, García Márquez y su mujer, Mercedes Barcha, tuvieron que empeñar las joyas de ella, y que además el primer borrador acabó parcialmente arruinado después de que se le cayese de las manos a su mecanógrafa en pleno aguacero.
A veces no hay malos en esta historia, sino mala fortuna. El propio Gabo ha explicado el rosario de vicisitudes que estuvo a punto de dar al traste con Cien años de soledad antes de que viera la luz: "A principios de agosto de 1966, Mercedes y yo fuimos a la oficina de correos de México para enviar a Buenos Aires la versión terminada de Cien años de soledad, un paquete de 590 cuartillas escritas a máquina a doble espacio [...]. El empleado del correo puso el paquete en la balanza, hizo sus cálculos mentales y dijo: son 82 pesos. Mercedes contó los billetes y las monedas sueltas que le quedaban en la cartera y se enfrentó a la realidad: sólo tenemos 53". Así que hicieron entonces lo único que podían, aunque tampoco en el remedio les acompañó la suerte: "Abrimos el paquete, lo dividimos en dos partes iguales y mandamos una a Buenos Aires [...]. Sólo después caímos en la cuenta de que no habíamos mandado la primera sino la última parte". Por suerte el director literario de Editorial Sudamericana, Paco Porrúa, quedó fascinado por la prosa de García Márquez y le envió el dinero para que le remitiera la primera parte. A los 15 días de publicada, la primera edición de la novela estaba agotada. A cuarenta años de su publicación ha vendido 30 millones de copias y ha sido traducida a más de 40 lenguas.
Catastróficas desdichas
Y por supuesto, no siempre son las editoriales, los agentes literarios o el simple infortunio quienes conspiran contra una obra. El algunas –y sonadas– ocasiones, han sido los propios autores quienes no quisieron publicar su libro, por considerarlo controvertido, menor o simplemente aburrido.
Es lo que le ocurrió a El tercer policía, la obra maestra que Brian O'Nolan escribió en 1940 y difundió entre sus amigos con el pseudónimo de Flann O'Brien. Después de no encontrar editor, O'Nolan cambió de opinión y pensó que El tercer policía era una mala novela. Retiró de circulación todos los ejemplares salvo uno, que le sobrevivió. En 1967, un año después de su muerte, el 'incunable' llegó a manos de McGibbon&Kee, que lo publicó de inmediato. Personalidades como Jorge Luis Borges, Anthony Burgess o Harold Bloom acabarían elogiando a O'Brien y poniéndolo entre los mejores autores del siglo XX.
La experiencia es similar a la de J.R.R. Tolkien, seguramente uno de los escritores más inseguros de la moderna literatura. Escribió su primer libro, El hobbit, en 1932 y sólo para sus hijos, pero algunos ejemplares de su pequeña tirada doméstica circularon de mano en mano hasta llegar en 1936 a Susan Dagnall, una empleada editorial que se lo entregaría al presidente de la compañía, Stanley Unwin.

Un ejemplar de 'El Hobbit' subastado en 2008. (EFE)
Unwin convenció a Tolkien de publicar El hobbit –que él consideraba demasiado infantil– y le animó a que produjera una secuela, que sería El señor de los anillos. Tolkien tardó diez años en escribirla y estuvo a punto de abortar su publicación en varias ocasiones. Y cuando por fin quiso publicar una obra motu propio, el inglés presentó a las editoriales el Quenta Silmarillion, que éstas rechazarían por su densidad, lo que acabó de arruinar la propia –y poca– confianza que Tolkien tenía en su obra. Sólo después de su muerte, su hijo Christopher Tolkien publicaría las restantes obras del considerado gran maestro de la fantasía, entre las que están el propio Silmarillion, Roverandom y los Cuentos Inconclusos.
Un compatriota suyo, E.M. Forster, escribió Maurice para guardar seguidamente el manuscrito en un cajón durante casi sesenta años. De ella dijo, en una nota en el original, que era "publicable, pero ¿merece la pena?". Una pregunta retórica que se entiende al contrastar la historia contada en Maurice –la de un triángulo amoroso entre hombres, que además son de distinta extracción social– con la temprana fecha de 1913, en que fue escrita. Forster no quiso que su familia y amigos dedujeran de ella su propia homosexualidad en vida, por lo que la novela se publicó en 1971, después de morir, y se convirtió de la noche a la mañana en el gran clásico de la literatura de temática gay.

Amor y posesión

Soy un emigrante del país de tu mirada. Ya no puedo mantenerla. Tus ojos azules derraman el rojo por mi cara.
Soy un fugitivo del contacto efímero con tu piel que temblaba y del encuentro profundo que tuvieron nuestras almas.
Soy un desertor del concierto en el que aquellos dos corazones galopaban sus ansias irrefrenables hasta casi agotarse.
Soy un prófugo de la sensación que tu pelo producía entre mis dedos y de la paz de aquellos abrazos quietos, con tus senos prietos contra mis costillas.
Voy dejando jirones de mí mientras me alejo con la inconsciente esperanza de que me sigas y el desesperado terror de girarme y encontrarte.
Soy un emigrante cargado con las mismas dudas, igual dolor, semejantes temores de quienes nacen, mueren o cambian de país. Es que sin saberlo ni desearlo te convertiste en mi terruño, en el sitio al que esperamos llegar para ser nosotros mismos. Y al arribar…
Ahora me marcho sin saber cuánto tiempo pasará hasta que pueda mantener otra conversación sin palabras… quizás siglos.
No pude seguir. En cuanto noté que mi mano se apretaba para intentar retenerte y vi en tu cara la expresión de tristeza, lo decidí. Ya no podremos ni siquiera ser amigos.
Quizás te sientas castigada y defraudada. Después de todo, he sido tu maestro, tu consejero y tu cómplice. Créeme que el precio es también para mí demasiado alto…
 Yo por desearte he perdido mi magia y dejaré de llamarme Merlín.

Sunday, July 08, 2012

Los escritores jóvenes



Alguien dijo y no puedo recordar quien, algo como “a fin de cuentas ningún escritor puede escribir más que sobre sí mismo”. En su momento me pareció ridículo puesto que la imaginación nos debería permitir crear personajes. Luego descubrí que casi todo lo que escribo tiene que ver conmigo y me pareció vanidoso. Hoy estoy de acuerdo en que no hay alternativa posible. Podemos inventar la historia más fantástica pero los personajes siempre llevarán nuestro ADN.
Hace tiempo que recibo primeros capítulos de novelas, novelas enteras y cuentos de otros colegas escritores. Algunos de ellos son muy jóvenes y tienen un increíble potencial. Intento respetar la finalidad por la cual me los envían y si es una corrección la hago en privado. Muchos desean una opinión imparcial después de ser rechazados por las editoriales o no ganar un concurso. Intento explicarles que ganar un concurso no convierte a una fea en bonita y que las editoriales hace tiempo que no publican autores noveles por mayor potencial que tengan.
 En el caso de los comentarios, tan sólo hago públicos desde los positivos hasta los neutros. Es que después de vivir muchos años en los foros de Internet sobre literatura: “el gato que se quema con leche cuando ve una vaca: llora”. Todos esperamos un halago y pocos soportan una crítica.
Esta mañana leía un capítulo de una novela sobre un tema difícil de abordar y mi espíritu crítico comenzó a crisparse. Mi primera reacción fue decirle al autor que para romper una regla, primero se debe internalizar. Sin embargo seguí leyendo y un poco más adelante tuve ganas de recordarle que la rueda fue inventada hace tiempo pero como sé que tengo un pronto bastante feo, me contuve y se me ocurrió algo. ¿Cómo escribía yo hace veinticinco años? Y ni lerdo ni perezoso fui al armario donde guardo los originales de la época en que no había ordenadores al alcance de todos y yo escribía en una máquina Olivetti portátil, una Lettera 32 para más datos. Cogí una carpeta al azar y analicé el primer párrafo de un cuento cuyo título es: Destino. Encontré comas donde no debían ir, demasiados gerundios y frases excesivamente largas, descripciones innecesarias y abuso de calificativos.
Es obvio que la experiencia, la práctica y unos cuantos talleres literarios han ayudado, pensé. Sin darme cuenta me leí todo el cuento y al llegar al final comprendí algo muy interesante: Los personajes que hace veinticinco años me emocionaban… ahora me parecen superficiales, apenas una pincelada sobre el papel… El cuento en cuestión: “Destino”, habla de la muerte y el azar, deja el mensaje de que no podemos reemplazar a una persona aferrándonos a otra sin correr el riesgo de repetir la historia. En aquel momento yo sólo había perdido a mis abuelos y a mi perra… Veinticinco años después por muerte o ruptura he perdido a mis padres, a mi hermana y asisto a la distancia a la declinación de personas que han sido muy importantes en mi vida. Si hoy reescribiera Destino es probable que no se titulara así y cambiaría muchísimas cosas incluido el final.
No siento una excesiva predilección por los franceses por temas de chauvinismo histórico y poca inclinación  a la sinceridad, pero debo reconocerles que salvo el tontolón de Sarkozy, siempre han elegido presidentes viejos, con experiencia. Porque nadie puede dar lo que no tiene. Y eso precisamente fue lo que descubrí al finalizar “Destino”: hace veinticinco años no tenía la experiencia que tengo ahora. Y no es que tuviera poca porque con diecisiete años ya iba por el mundo.
Entendí entonces por qué con escritores de gran capacidad, los personajes me parecen siluetas del teatro chino. No hay emociones porque el escritor no las ha vivido. Y en ese campo sólo manda la experiencia. El peligro es que el lector acabe asociando estos personajes de cartón piedra con la vida real.
Reconozco que de no haber vivido muchísimos años de mi vida entre mujeres, no habría podido escribir “Yo, Úrsula”. Si no hubiese cambiado de país, dejándolo todo para apostar desde cero, a quince mil kilómetros de distancia, no hubiese escrito “Teucro deCreta: todo va a alguna parte”. Renascencia es la comparación entre lo que me dijeron que era la vida y lo que yo advertí que es en realidad después de vivirla. “Las Marcas de San Cosme” me confirmó que nada es lo que parece y que puedes alucinar si se te ocurre investigar bajo la superficie del mundo, pero no la hubiese podido escribir a los veinticinco ni a los treinta. Y así todas mis novelas… y mis cuentos.
Hace un par de semanas hablaba con una jovencita que apenas sobrepasa los veinte y quiere ser escritora. Hubiese podido decirle lo mismo que me dijeron a mí a su edad:
—Lee a los clásicos, a Vargas Llosa, a García Márquez, Eduardo Mallea, Víctor Chamorro, Sábato, Borges y Cervantes… por hacer un potpurrí indigerible. Y la verdad es que no pude. Ella había leído a Hesse. Y no digo que sea suficiente.
Entonces le aconsejé que envejeciera, que investigara cada personaje hasta destriparlo como un oso de peluche, que se obsesionara en buscar información sobre el tema que quería tratar y que creara pequeñas salidas paralelas a la historia principal. Parece que entendió el mensaje, veremos como desarrolla su historia.
Me pareció interesante poner estos pensamientos por escrito y más dado la proliferación de autores debido a los libros electrónicos. Trataré de sintetizarlos:
  • Quieras o no tus personajes llevarán tu ADN.
  • La pólvora y la rueda ya están inventadas.
  • No trabajes sobre tu idea inicial, investiga a fondo porque puede que estés equivocado/a en algunos conceptos.
  • Relee el original cada vez que te sientes a escribir y corrige lo que no te suene bien o no se entienda a la primera.
  • Apunta en una libreta las modificaciones que deberías hacer mientras vas leyendo.
  • Arriésgate a proponer razonamientos. La gente hoy parece no querer pensar pero los lectores de verdad es precisamente lo que buscan: ampliar el horizonte de su pensamiento.
  • Si tienes a alguien de confianza que lea el original, incítalo a que te saque los fallos.
  • Si vas a escribir sobre experiencias que no has vivido entrevista muy bien a los personajes, mira sus caras, observa sus manos. Para un escritor el lenguaje corporal es importante. Para un escritor joven el lenguaje corporal es imprescindible.
  • Deja a la imaginación del lector los calificativos de aquel paisaje que a ti te ha impactado. Son suficientes cuatro trazos para definir una puesta de sol.


No digo que alguien no pueda convertirse en un buen escritor siendo muy joven. Hay casos de best sellers con menos de veinte años y no he leído nada de ellos, por lo que no puedo opinar. Pero sí he leído infinidad de obras que me confirman que la regla tiene excepciones.


                                                                                                           





                                                                                                             

New Realase!!!

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