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Butterfly


          
Mis recuerdos se remontan a un pequeño lapso de tiempo. ¿Un segundo?, ¿dos días? Yo no sé  qué es eso y aquí no hay nadie a quien preguntarle.
Después del —¡Pluff! —vino una sensación de frío e imágenes en tromba de estrellas “inmediáticas”, ¿serán las fugaces? Me repito como un loro palabras que vienen a mi mente pero que no sé si existen o alguna vez las he pronunciado.
Luego mi cuerpo empapado en una gelatina que se helaba lentamente, reaccionó ante los estímulos… ¿del mercado?, ¿se dice así? En algún rincón de mi yo profundo, alguien comienza a desconfiar. Sin embargo los recuerdos desaparecen como comidos por el tiempo, escaso, intangible, que nos separa. Umm, comida, pienso… o deseo y mis deseos se cumplen.
Cambio de postura para intentar amoldarme a mi habitáculo. Ya no quepo. Me he fagocitado todo, creo que soy mi propio recuerdo, de allí el hambre pantagruélico… y supongo que ha sido eso lo que me ha hecho crecer de forma desmesurada.
Quiero salir de aquí pero tengo miedo. Al final me decido y tras un embate violento, rompo la pared. ¿Cómo no lo hice antes? Delante de mí hay un banquete digno de un rey. Yo como y crezco, como, defeco y vuelvo a crecer. Acabo con un plato y continúo con el siguiente… ¿será un karma? Parece que no puedo parar de comer y de crecer y eso tiene un costo… Me miran. Sus ojos son como platos, redondos… Me oculto. Ya sabía yo que tanta comida gratis era incomprensible. Tiemblo de sólo pensar que me han envenenado. Tengo sueño, un sopor que invade cada segmento de mi cuerpo… Tengo frío e intento envolverme como puedo para no tiritar. Al fin consigo descansar y despierto en otro habitáculo aun más estrecho. Otro cambio de postura y no hay manera, mi casa se cae a pedazos. Una estrella “inmediática” no está hecha para chabolas…
Sobre mis estrechos tacones de aguja, yergo mis piernas delgadas y largas que se excitan, temblorosas, bajo unos pantys negros y sensuales… Me estiro consciente que soy el espectáculo, la estrella fugaz, pero estrella al fin.
El aire fresco y cargado de perfumes me ha emborrachado y ha secado la humedad de mi espalda. Ya no hay recuerdos.
 Por cierto, antes de irme: mientras dormía soñé que tenía unas hermosas alas naranjas y amarillas con bordes negros y unos dibujos geométricos dignos de Picasso. Ahora ¡a volar!, que la vida es corta y el néctar muy dulce. 

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¿Por qué la adolescencia tiene tanta mala prensa?

Yo me he rebelado con llamar adolescencia a ese período de la existencia. Es que la palabra adolescente está ubicada entre adolecer y adolorido, y conlleva la sensación de padecer una enfermedad inevitable que se cura con el tiempo, como la gripe, y que puede paliarse aprendiendo a usar tampones, preservativos, cremas depilatorias, maquinillas de afeitar o fumando. Por ello he elegido «Renascencia» y la he definido como la etapa de la vida en la cual constatamos que podemos relacionarnos con los demás sin dejar de ser nosotros mismos. En ella aplicamos nuestras cualidades innatas y contrastamos los valores aprendidos en la familia o proclamados por la sociedad.De más está decir que hay personas de noventa años que todavía no la han superado. De ahí el valor de esta novela, ubicada temporalmente en el punto en que comenzamos a asomar la cabeza a un mundo nuevo, extraño, muchas veces incomprensible y las más de las veces profundamente cruel e injusto. Pero también tiene algo de misterio…

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