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Yo, Úrsula en Amazon.com

No puedo decir que soy un vanguardista. Hace años que miro muy bien a mi alrededor antes de tomar una decisión. Es que por impulsivo me he precipitado muchas veces en el pasado.
No es este el caso. Yo aborrezco las modas... las de las crestas en los peinados de los chavales aunque les queden horribles o las de los pantalones de tiro corto que sólo pueden lucir quienes tienen un culo privilegiado. En literatura también hay modas y la mayoría son impuestas. Sin embargo creo que el lector tiene derecho a opinar y la única manera que tiene de valorar cosas distintas es... leyendo cosas distintas.
He tenido alguna experiencia con editores que al ver que una novela no llega a las cuatrocientas páginas, automáticamente la desechan sin ni siquiera leer el prólogo. Y con seguridad, ellos mismos rechazarán sin leer las obras de más de doscientas cuando se vuelva a poner de moda la novela corta.
Hay muchas excusas para no publicar más: costes, horas de preparación, gastos de fotógrafos e ilustradores de portada... Pero la realidad es que seguimos traficando con un modelo antiguo y obsoleto, falto de creatividad, autista de ideas y sensibilidad.
He vivido en primera persona el trabajo de editar un libro de cuatrocientas páginas con cientos de fotos, pies
de fotos, galerías y comentarios. Llevó tres días de trabajo... y nadie murió por ello.
En un principio estuve en desacuerdo con los sistemas de ebooks pero cuando hace algunas semanas decidí limpiar la biblioteca y regalar los libros que no volveré a mirar a una entidad pública... comprendí que para un lector concienzudo, los ebooks son una buena solución sin tener que comprar muebles más grandes cada dos años.
Con esta ilusión de que sea el lector o la lectora quien valore mi trabajo me he transformado en la más dura de las críticas.
Yo, Úrsula es el pistoletazo de salida a una nueva manera de entender las necesidades del lector. Y deberemos aprender... todos.
Yo, Úrsula en amazon. com

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¿Por qué la adolescencia tiene tanta mala prensa?

Yo me he rebelado con llamar adolescencia a ese período de la existencia. Es que la palabra adolescente está ubicada entre adolecer y adolorido, y conlleva la sensación de padecer una enfermedad inevitable que se cura con el tiempo, como la gripe, y que puede paliarse aprendiendo a usar tampones, preservativos, cremas depilatorias, maquinillas de afeitar o fumando. Por ello he elegido «Renascencia» y la he definido como la etapa de la vida en la cual constatamos que podemos relacionarnos con los demás sin dejar de ser nosotros mismos. En ella aplicamos nuestras cualidades innatas y contrastamos los valores aprendidos en la familia o proclamados por la sociedad.De más está decir que hay personas de noventa años que todavía no la han superado. De ahí el valor de esta novela, ubicada temporalmente en el punto en que comenzamos a asomar la cabeza a un mundo nuevo, extraño, muchas veces incomprensible y las más de las veces profundamente cruel e injusto. Pero también tiene algo de misterio…

¿Cuándo comenzó su Renascencia?

Y usted preguntará: ¿Y eso qué es? Es normal que lo pregunte porque «Renascencia» es el acrónimo entre renacer y adolescencia. Y puede que usted diga: ¡Ah!, esa edad difícil o «la edad del pavo» como suelen llamarla algunos que deben haber nacido siendo adultos, porque de otra manera no se explica que la llamen así. O han intentado olvidarla de tan terrible que fue.Es que pareciera ser que la adolescencia fuese una clase de enfermedad que se cura con el tiempo. «¡Ya pasará! Es una adolescente». Cuando quise ponerle título a una novela juvenil que abarcaba el proceso de paso del niño al adolescente, quise investigar sobre esta etapa y lo que decían los expertos sobre ella. Y me encontré con que la definición tradicional dice más o menos lo siguiente: «Adolescencia es el lapso de tiempo que los individuos necesitan para considerarse socialmente autónomos» ¿Qué? ¿Socialmente autónomos? Si como sostiene el Psicólogo Erik Erikson, el desarrollo es un fenómeno psicosocial que se extiende dura…

¿Poco yo? Parte 1

Todos tenemos días en que nos sentimos poca cosa... casi insignificantes. ¿y si mirásemos al ser humano como si fuese un producto que compramos al nacer? El producto ser humano consta de dos partes principales: ·Componentes visibles ·Componentes invisibles Ya sé que le parecerá una verdad de Perogrullo. ¡Qué descubrimiento! ¿No? Pero de alguna manera hay que comenzar a desenredar la madeja. Creo que todos los colores de este producto al que llamamos ser humano constan de estos componentes sin excepción: negros, blancos, amarillos y todos los tonos intermedios. Como puede ver, en esto también somos iguales. Incluso comparten estas características todos los modelos de las diferentes marcas: varones, mujeres, transexuales, homosexuales, bisexuales, lesbianas y asexuales. Ocurre lo mismo con los tamaños y formas de los diferentes modelos: altos, bajos, flacos, gordos, niños, adultos, bellos y feos. Recapitulando, el producto ser humano tiene como finalidad ser feliz y viene de fábrica con dos …