Tuesday, February 28, 2012

Un trozo de Yo, Úrsula y los bagres amorfos


Lucrecia logró mantener una relación amorosa de tres meses con un antiguo pretendiente y vecino.
—Realmente es tan poca cosa, que no me imagino cómo no se quedó en el vientre de su madre —me dijo por teléfono el día que lo dejó.
—Quedábamos en mi casa o en la suya, daba igual. Un café y quería ir a la cama. ¡Si al menos tuviese con qué! Pero era como acostarse con el osito de peluche…— por suerte los teléfonos todavía no tienen imagen, porque yo me partía de la risa de sólo imaginarlo.
—Una panza blanca y blanda, como un pescado, pero con pelos… Se podría hacer un injerto en la cabeza… y esa cosita… ¡si es que parece atrofiada!... Chas chas y se quedaba dormido como un tronco… y yo mirando el techo y pensando ¿qué coños hago yo aquí?… hasta las morsas son más cariñosas y atentas…
Lucrecia tenía el don de divertirme aun con las historias más tristes. Y ésta era triste. Cada decepción parecía hacerle descender un escalón en su autoestima. No era una mujer fea, tenía un cuerpo bien proporcionado. Era culta y educada. Se podía hablar con ella de cualquier tema. Era divertida. ¿Qué más se podía pedir? Sin embargo los hombres que se le acercaban eran unos bagres amorfos… ¿O es que hay demasiados bagres amorfos? No tenía que mirar muy lejos, mi mejor prospecto había sido un tío veinte años más ¿viejo? Podría decir maduro, creo que hay pocas, pero las hay; personas que mejoran con la edad. No podía imaginar a Alex con una panza blanca y peluda… y menos parecido a un bagre…

New Realase!!!

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