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Un trozo de Yo, Úrsula y los bagres amorfos


Lucrecia logró mantener una relación amorosa de tres meses con un antiguo pretendiente y vecino.
—Realmente es tan poca cosa, que no me imagino cómo no se quedó en el vientre de su madre —me dijo por teléfono el día que lo dejó.
—Quedábamos en mi casa o en la suya, daba igual. Un café y quería ir a la cama. ¡Si al menos tuviese con qué! Pero era como acostarse con el osito de peluche…— por suerte los teléfonos todavía no tienen imagen, porque yo me partía de la risa de sólo imaginarlo.
—Una panza blanca y blanda, como un pescado, pero con pelos… Se podría hacer un injerto en la cabeza… y esa cosita… ¡si es que parece atrofiada!... Chas chas y se quedaba dormido como un tronco… y yo mirando el techo y pensando ¿qué coños hago yo aquí?… hasta las morsas son más cariñosas y atentas…
Lucrecia tenía el don de divertirme aun con las historias más tristes. Y ésta era triste. Cada decepción parecía hacerle descender un escalón en su autoestima. No era una mujer fea, tenía un cuerpo bien proporcionado. Era culta y educada. Se podía hablar con ella de cualquier tema. Era divertida. ¿Qué más se podía pedir? Sin embargo los hombres que se le acercaban eran unos bagres amorfos… ¿O es que hay demasiados bagres amorfos? No tenía que mirar muy lejos, mi mejor prospecto había sido un tío veinte años más ¿viejo? Podría decir maduro, creo que hay pocas, pero las hay; personas que mejoran con la edad. No podía imaginar a Alex con una panza blanca y peluda… y menos parecido a un bagre…

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¿Por qué la adolescencia tiene tanta mala prensa?

Yo me he rebelado con llamar adolescencia a ese período de la existencia. Es que la palabra adolescente está ubicada entre adolecer y adolorido, y conlleva la sensación de padecer una enfermedad inevitable que se cura con el tiempo, como la gripe, y que puede paliarse aprendiendo a usar tampones, preservativos, cremas depilatorias, maquinillas de afeitar o fumando. Por ello he elegido «Renascencia» y la he definido como la etapa de la vida en la cual constatamos que podemos relacionarnos con los demás sin dejar de ser nosotros mismos. En ella aplicamos nuestras cualidades innatas y contrastamos los valores aprendidos en la familia o proclamados por la sociedad.De más está decir que hay personas de noventa años que todavía no la han superado. De ahí el valor de esta novela, ubicada temporalmente en el punto en que comenzamos a asomar la cabeza a un mundo nuevo, extraño, muchas veces incomprensible y las más de las veces profundamente cruel e injusto. Pero también tiene algo de misterio…

¿Cuándo comenzó su Renascencia?

Y usted preguntará: ¿Y eso qué es? Es normal que lo pregunte porque «Renascencia» es el acrónimo entre renacer y adolescencia. Y puede que usted diga: ¡Ah!, esa edad difícil o «la edad del pavo» como suelen llamarla algunos que deben haber nacido siendo adultos, porque de otra manera no se explica que la llamen así. O han intentado olvidarla de tan terrible que fue.Es que pareciera ser que la adolescencia fuese una clase de enfermedad que se cura con el tiempo. «¡Ya pasará! Es una adolescente». Cuando quise ponerle título a una novela juvenil que abarcaba el proceso de paso del niño al adolescente, quise investigar sobre esta etapa y lo que decían los expertos sobre ella. Y me encontré con que la definición tradicional dice más o menos lo siguiente: «Adolescencia es el lapso de tiempo que los individuos necesitan para considerarse socialmente autónomos» ¿Qué? ¿Socialmente autónomos? Si como sostiene el Psicólogo Erik Erikson, el desarrollo es un fenómeno psicosocial que se extiende dura…

¿Poco yo? Parte 1

Todos tenemos días en que nos sentimos poca cosa... casi insignificantes. ¿y si mirásemos al ser humano como si fuese un producto que compramos al nacer? El producto ser humano consta de dos partes principales: ·Componentes visibles ·Componentes invisibles Ya sé que le parecerá una verdad de Perogrullo. ¡Qué descubrimiento! ¿No? Pero de alguna manera hay que comenzar a desenredar la madeja. Creo que todos los colores de este producto al que llamamos ser humano constan de estos componentes sin excepción: negros, blancos, amarillos y todos los tonos intermedios. Como puede ver, en esto también somos iguales. Incluso comparten estas características todos los modelos de las diferentes marcas: varones, mujeres, transexuales, homosexuales, bisexuales, lesbianas y asexuales. Ocurre lo mismo con los tamaños y formas de los diferentes modelos: altos, bajos, flacos, gordos, niños, adultos, bellos y feos. Recapitulando, el producto ser humano tiene como finalidad ser feliz y viene de fábrica con dos …