Friday, April 13, 2012

Un novel de medio siglo

Hoy estaba contestando los muchos comentarios y muestras de apoyo que he recibido por la publicación en papel de Yo, Úrsula cuando me levanté a prepararme un capuccino. Al pasar por la sala vi la prueba de imprenta de la novela sobre la mesa y pensé: un novel con medio siglo a cuestas. Me causó gracia pero no deja de ser verdad. Aunque haya publicado cientos de artículos, aunque haya redactado decenas de libros, guías, guiones y también escrito un gran libro temático... soy un novel de la literatura con medio siglo a cuestas intentando hacerme un hueco en un mundo terrible pero no más despiadado que otros mundos artísticos.
Entonces fue cuando abrí Yo, Úrsula al azar y por causalidad (no está mal escrito), caí en el párrafo:

—Las discográficas son multinacionales, tienen el monopolio de la intermediación entre los cantantes y el público. Pueden levantar a un grupo o hundirlo si quieren y usan ese poder para asegurarse que los únicos que ganen sean ellos… —Inés comenzó a ponerse incómoda.
—Tampoco es tan así —dijo molesta.
—Hablemos claro, Inés…, yo he hecho cuentas… La compañía te anticipa dinero para hacer el disco, pero lo tienes que devolver. Tú te haces cargo de pagar los gastos de sacar el álbum, de grabar los videoclips, de pagar agentes, representantes… La compañía sólo hace la promoción y a cambio de eso se queda de por vida con los derechos de tus temas, salvo un pequeño porcentaje que jamás llega a cubrir ni siquiera lo que te adelantaron. ¡Conclusión, tú pagas para que te hagan famosa!  Ellos acaban con los bolsillos llenos y tú en la bancarrota… —Joan había ido subiendo el tono de voz hasta casi gritar.
—Tampoco los cantantes son santos y con un contrato más blando, ¡no trabajaría ni Cristo! —a Inés le salía humo por las orejas.
— ¡Créeme que trabajar con artistas no es fácil, son bohemios, vagos, caprichosos, ególatras y quieren todo por nada! —yo miraba la discusión como si fuese un partido de tenis.
— ¿Y eso justifica esquilmarlos, robarles lo que es suyo y someterlos a la esclavitud?... Vamos, Inés… es como intentar justificar la guerra de Irak diciendo que Saddam era un perro dictador… —Joan estaba rojo como un tomate.
— ¡Mientras yo he estado aquí, nunca se ha sometido a nadie a algo en lo que no estuviese de acuerdo! Si alguien ha firmado un contrato lo ha hecho por propia voluntad…
— ¡Si nadie está hablando de ti! ¿Por qué piensas que estamos aquí? ¿Por la WD? En cuanto a los chavales con inquietudes musicales… ¿qué otro camino tienen, si estas empresas son un trust?... o crees que las calles están llenas de artistas actuando por monedas… ¿porque ellos quieren? Cuando estás crucificado hasta una esponja con vinagre, es una bendición. —La discusión se tornaba violenta y yo no sabía como detenerla.
— ¡Bájate del caballo, Joan! El mundo se rige por la economía de mercado, los ideales socialistas se acabaron con Lenin y el Che Guevara… y el romanticismo pertenece al siglo dieciocho. —Inés devolvía cada estocada con la misma furia con que la recibía.
— ¡Me da igual!, quizás sea un romántico del siglo dieciocho, o un idiota idealista. Pero algo tengo claro, en este mundo donde todo parece tener precio, ¡hay cosas que no se venden! Mi derecho a decir lo que pienso y mi dignidad, por ejemplo…
— ¡Basta! —grité levantándome de la silla. 

... Y cerré el libro. Y pensé en las editoriales... y pensé en los intermediarios... y pensé:
¿Por qué he continuado intentando?... Si todavía guardo las carpetas de los cuentos escritos a máquina Olivetti, relatos trasnochados de ceniceros llenos que el jurado del Club Italiano de Buenos Aires ni siquiera se tomó el trabajo de abrir.Y de eso hace casi treinta años...
Y me respondí a mi mismo: —porque todavía tengo algo que decir y espero que mi experiencia le sirva a alguien más. 
A ver, no escribo libros de autoayuda. Hace años que detesto a quienes quieren quitarte la paja de tu ojo teniendo una viga en el de ellos. Yo simplemente quiero contar, crear dudas sobre las cosas establecidas, que quienes quieran se cuestionen. Pero quienes quieran... 
Después de esta reflexión voy a seguir escribiendo más tranquilo. No vivo de la literatura, es más invierto en ella tiempo, esfuerzo y horas que de otra manera dedicaría al descanso.
El otro día recibí una excelente valoración a otra obra entrañable: 
Apreciado señor Lampugnani

Me llamo XXXXXXXXX y soy uno de los redactores de XXXXXXX.
Hemos valorado su original titulado Renascencia y hemos encontrado en él un planteamiento interesante y una correcta elaboración literaria, con algunos pasajes notables. A pesar de ello consideramos que en su conjunto no es una obra que pueda encajar en nuestro programa de publicaciones.
Quisiera agradecerle que haya pensado en nosotros para valorar su novela.

Obviamente que agradezco el tiempo y la dedicación que se ha tomado la editorial y sobre todo que hayan contestado en tiempo récord. Tengo otras obras que esperan hace casi un año... a que las lean.
Eso sí, el redactor habría de saber lo que a mí me costó tirones de orejas aprender y es que las preposiciones actúan de nexos y por lo tanto no pueden ser separadas por comas. Por tanto entre literaria y con la coma está demás. 
De todas maneras es un juicio magnífico a una novela que no tardará mucho en aparecer:  un planteamiento interesante y una correcta elaboración literaria, con algunos pasajes notables.
Lo que no acabo de entender es el resto del mensaje: A pesar de ello consideramos que en su conjunto no es una obra que pueda encajar en nuestro programa de publicaciones.
Dicen que la novela es buena, que está correctamente redactada y que además tiene pasajes notables... pero no encaja en su programa de publicaciones. Yo pensaba que era al revés: 

  • Encuentro una novela buena
  • Busco el sector de mercado al que le pueda interesar
  • Valoro las posibilidades de colocar el libro y las cantidades
  • Hago el contrato de edición
  • Publico 
  • Hago la promoción al sector de lectores al que va destinado.
De verdad me estremecí un poco al pensar que las editoriales tienen un molde y todo lo que no quepa en él lo desechan. Eso sería escribir por encargo, ya lo he hecho, deja dinero pero no puedes decir lo que piensas. Y eso no me interesa.
Por tanto me alegra haber elegido este camino y espero utópicamente que en algún futuro ilusorio los libros publicados sean en al menos un 50% de aquellos autores que tienen algo que decir.





New Realase!!!

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