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Amor y posesión

Soy un emigrante del país de tu mirada. Ya no puedo mantenerla. Tus ojos azules derraman el rojo por mi cara.
Soy un fugitivo del contacto efímero con tu piel que temblaba y del encuentro profundo que tuvieron nuestras almas.
Soy un desertor del concierto en el que aquellos dos corazones galopaban sus ansias irrefrenables hasta casi agotarse.
Soy un prófugo de la sensación que tu pelo producía entre mis dedos y de la paz de aquellos abrazos quietos, con tus senos prietos contra mis costillas.
Voy dejando jirones de mí mientras me alejo con la inconsciente esperanza de que me sigas y el desesperado terror de girarme y encontrarte.
Soy un emigrante cargado con las mismas dudas, igual dolor, semejantes temores de quienes nacen, mueren o cambian de país. Es que sin saberlo ni desearlo te convertiste en mi terruño, en el sitio al que esperamos llegar para ser nosotros mismos. Y al arribar…
Ahora me marcho sin saber cuánto tiempo pasará hasta que pueda mantener otra conversación sin palabras… quizás siglos.
No pude seguir. En cuanto noté que mi mano se apretaba para intentar retenerte y vi en tu cara la expresión de tristeza, lo decidí. Ya no podremos ni siquiera ser amigos.
Quizás te sientas castigada y defraudada. Después de todo, he sido tu maestro, tu consejero y tu cómplice. Créeme que el precio es también para mí demasiado alto…
 Yo por desearte he perdido mi magia y dejaré de llamarme Merlín.

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¿Por qué la adolescencia tiene tanta mala prensa?

Yo me he rebelado con llamar adolescencia a ese período de la existencia. Es que la palabra adolescente está ubicada entre adolecer y adolorido, y conlleva la sensación de padecer una enfermedad inevitable que se cura con el tiempo, como la gripe, y que puede paliarse aprendiendo a usar tampones, preservativos, cremas depilatorias, maquinillas de afeitar o fumando. Por ello he elegido «Renascencia» y la he definido como la etapa de la vida en la cual constatamos que podemos relacionarnos con los demás sin dejar de ser nosotros mismos. En ella aplicamos nuestras cualidades innatas y contrastamos los valores aprendidos en la familia o proclamados por la sociedad.De más está decir que hay personas de noventa años que todavía no la han superado. De ahí el valor de esta novela, ubicada temporalmente en el punto en que comenzamos a asomar la cabeza a un mundo nuevo, extraño, muchas veces incomprensible y las más de las veces profundamente cruel e injusto. Pero también tiene algo de misterio…

¿Cuándo comenzó su Renascencia?

Y usted preguntará: ¿Y eso qué es? Es normal que lo pregunte porque «Renascencia» es el acrónimo entre renacer y adolescencia. Y puede que usted diga: ¡Ah!, esa edad difícil o «la edad del pavo» como suelen llamarla algunos que deben haber nacido siendo adultos, porque de otra manera no se explica que la llamen así. O han intentado olvidarla de tan terrible que fue.Es que pareciera ser que la adolescencia fuese una clase de enfermedad que se cura con el tiempo. «¡Ya pasará! Es una adolescente». Cuando quise ponerle título a una novela juvenil que abarcaba el proceso de paso del niño al adolescente, quise investigar sobre esta etapa y lo que decían los expertos sobre ella. Y me encontré con que la definición tradicional dice más o menos lo siguiente: «Adolescencia es el lapso de tiempo que los individuos necesitan para considerarse socialmente autónomos» ¿Qué? ¿Socialmente autónomos? Si como sostiene el Psicólogo Erik Erikson, el desarrollo es un fenómeno psicosocial que se extiende dura…

¿Poco yo? Parte 1

Todos tenemos días en que nos sentimos poca cosa... casi insignificantes. ¿y si mirásemos al ser humano como si fuese un producto que compramos al nacer? El producto ser humano consta de dos partes principales: ·Componentes visibles ·Componentes invisibles Ya sé que le parecerá una verdad de Perogrullo. ¡Qué descubrimiento! ¿No? Pero de alguna manera hay que comenzar a desenredar la madeja. Creo que todos los colores de este producto al que llamamos ser humano constan de estos componentes sin excepción: negros, blancos, amarillos y todos los tonos intermedios. Como puede ver, en esto también somos iguales. Incluso comparten estas características todos los modelos de las diferentes marcas: varones, mujeres, transexuales, homosexuales, bisexuales, lesbianas y asexuales. Ocurre lo mismo con los tamaños y formas de los diferentes modelos: altos, bajos, flacos, gordos, niños, adultos, bellos y feos. Recapitulando, el producto ser humano tiene como finalidad ser feliz y viene de fábrica con dos …