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Cómo escribir cuentos y novelas - Mi cocina de autor literario



Así como en otra entrada os he dejado husmear en mi cocina y probar algunos trocitos de mis recetas. Hoy comenzaré con algunas preparaciones literarias. No significa esto que sean las mejores, tampoco que a vosotros os dé el mismo resultado que a mí pero quizás os ayude a mejorar o a comenzar o a replantearos algo.

  • Quizás lo primero que debería preguntarme es: ¿qué quiero decir? A veces toda una novela se basa en una sola frase, pero es importante saber el mensaje de lo que quiero transmitir.
  • Lo segundo que es bueno pensar es: ¿a quién va dirigido lo que estoy por escribir? Y esta pregunta, realizada y mal interpretada por muchos autores famosos, ha dejado muchas perlas. — ¡Yo escribo y el que quiera leerme que me lea! —ha dicho más de un consagrado. Pero no se trata de eso. Se trata de pensar si lo que pienso escribir es para mi propio disfrute, si es el desahogo de una emoción o de un pensamiento que me agobia o si por el contrario va dirigido a un lector que no me conoce y debe utilizar su propia imaginación y entendimiento para interpretar lo que quiero decir.

En otras entradas hablaré de cómo saber si un tema es interesante, qué aditivos debería incluir la historia para que tenga la posibilidad de gustar más, cómo comenzar y en que parte del hilo conductor. Por ahora centrémonos en estos dos puntos:

¿Qué quiero decir?
He leído infinidad de novelas en las que al llegar al final, después de adentrarme en aventuras, desventuras, amores, desamores, odios y pasiones… me quedo igual. ¿Qué me quiso decir el autor que no me lo hubiese podido contar la vecina de la esquina?
No hay un objetivo, son anécdotas hilvanadas que no tienen más finalidad que llenar páginas e intentar demostrar lo buenos que somos escribiendo. Si sé cual es el mensaje, cual es el nudo de mi historia, puedo llevar al lector hasta el último capítulo y hacer que aquello que le he ido susurrando al oído, explote de pronto frente a su cara. O que sea todo lo contrario a lo que le he sugerido que pasaría. El cuento o la novela no decae ni se diluye.

¿A quién va dirigido lo que estoy por escribir?
En términos generales quien es escritor o pretende serlo algún día, escribe para el público. Habrá quien lo hace para sí mismo, para sus amores reales o ficticios, sus parientes o sus amigos; en cuyo caso puede dar rienda suelta a su genialidad, a su creatividad y a sus deseos de innovar e inventar otra vez la rueda. Si alguien no entiende lo que dice, siempre puede llamarle o enviarle un mail y explicarle lo que quiso hacer. Sin embargo si pretendo escribir para la gente, el camino pasa por otros andariveles Esto que parece una verdad de Perogrullo es la piedra en la que tropiezan muchísimos autores.
Si escribo para los lectores debo pensar en que: ellos no están en mi cabeza, los saltos en el tiempo, los cortes abruptos en el hilo de una trama y entremezclar personajes que no han sido perfectamente identificados y descriptos o son de dominio público… entorpecen la lectura.
A mí me puede parecer genial el creer que estoy escribiendo como quien realiza una película… ¡Psss!, ¡para chaval!, que estas son letras y el dueño eres tú hasta que alguien más las compre. Es importante llevar al lector de la mano a lo largo de la trama sin que se pierda porque si lo hace puede que cierre el libro y no vuelva a leer nunca más algo nuestro.
Creo que por hoy es suficiente, cuidado con las cacerolas al salir de mi cocina y ya sabéis: — ¡Nada de tocar!

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¿Por qué la adolescencia tiene tanta mala prensa?

Yo me he rebelado con llamar adolescencia a ese período de la existencia. Es que la palabra adolescente está ubicada entre adolecer y adolorido, y conlleva la sensación de padecer una enfermedad inevitable que se cura con el tiempo, como la gripe, y que puede paliarse aprendiendo a usar tampones, preservativos, cremas depilatorias, maquinillas de afeitar o fumando. Por ello he elegido «Renascencia» y la he definido como la etapa de la vida en la cual constatamos que podemos relacionarnos con los demás sin dejar de ser nosotros mismos. En ella aplicamos nuestras cualidades innatas y contrastamos los valores aprendidos en la familia o proclamados por la sociedad.De más está decir que hay personas de noventa años que todavía no la han superado. De ahí el valor de esta novela, ubicada temporalmente en el punto en que comenzamos a asomar la cabeza a un mundo nuevo, extraño, muchas veces incomprensible y las más de las veces profundamente cruel e injusto. Pero también tiene algo de misterio…

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