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El cuento infantil

Durante las "VII Jornades de les lletres ebrenques 2012", tuvo lugar una mesa redonda sobre el cuento infantil. Yo le tengo mucho respecto a este género, creo que se ha de saber bastante sobre psicología infantil, sobre la evolución, los gustos y los intereses de las distintas edades... y por encima de todo no tratar a los niños como tontos por el hecho de ser pequeños. Por todo ello tan sólo en una oportunidad se me ocurrió escribir uno... y nunca más.
Allí fui, dispuesto a aprender sobre los parámetros en los que quienes los escriben se basan para crearlos. Lo primero que me llamó la atención fue que alguien dijera que muchos consideran este género como menor... ¿MENOR?
El otro hecho remarcable fue que en la sala la mayoría de personas eran grandes, digamos muy grandes... Pensé que quizás se trataba de que los abuelos habían vuelto, como cuando yo era pequeño, a contar cuentos a sus nietos. Pero, ¿y los padres?.. lo siento, si había un par era mucho.
Me agradó sobremanera que se hablase del avance del cuento infantil en la eliminación  del sexismo, la xenofobia y la discriminación, me defraudó el confirmar la sospecha de que ya los pequeños no leen fuera de las horas de clase. ¿La causa?: no tienen el ejemplo de sus mayores.
Estuve a punto de hacer una pregunta: ¿Cómo os adaptáis los escritores de literatura infantil a los avances tecnológicos? porque entre las plays, las tabletas, los epads, la tele y los móviles con todo tipo de aplicaciones a disposición de los niños... o se acorta la niñez y nos quedamos con los chavales de tres a seis años o aggiornamos el libro porque ¿qué atractivo podría tener para alguien con semejante oferta un bloque de hojas con dos tapas de cartón? Ya puedes troquelar y colorear que allí no hay botones ni mandos...
Entonces recordé a una escritora cuyo nombre no me viene a la memoria. Estábamos haciendo un programa de televisión en directo y ella había ganado un premio por un cuento que había escrito. Tampoco recuerdo el nombre del cuento pero si el tema de que trataba: Era la historia de un niño del futuro que deseaba un juguete nuevo, uno que pudiera dejar en cualquier momento si le apetecía hacer otra cosa, pero que pudiese retomar en el punto en que lo había dejado; uno que le permitiese imaginar una película, la cara de los protagonistas, que fuese tan automático que ni siquiera lo tuviese que encender, al que no tuviese que recargar ni cambiar pilas ni enchufar a la elctricidad  y que además le contase historias sin hacer ningún ruido... Y el ñiño del futuro reinventó el libro... de cuentos.
Cuando acabó la mesa redonda no quedé con un buen sabor de boca pero al bajar a la sala infantil me encontré con una buena cantidad de padres y abuelos que habían llevado a sus niños a ver y escuchar al payaso Muniatto.
—Algo es algo —me dije.

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