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Regalo de Reyes para todos mis lectores

Este cuento fue publicado en la antología de cuentos y poemas "Tiempo de Recreo" que incluía 25 autores, allá por el año 2007.



Mi vecino                          
En cuanto me sea posible ajustaré cuentas contigo, interpreté que me decía con la mirada al tiempo que me señalaba con el índice amenazador.
Yo no le hice ni caso. No me caía bien y tampoco yo a él. ¿Qué me había hecho? Pues nada, sólo que no me agradaba y cuando alguien se me planta entre ceja y ceja, la tiene clara.
Al día siguiente me desperté justo cuando el repartidor lanzaba los periódicos a lo largo de mi calle. Me levanté y fui sigiloso hasta el porche de su casa. Sabía que él no saldría a buscarlo hasta las ocho. Me escondí detrás del seto y se lo hice añicos. Luego sembré los trocitos de papel por todo el jardín. Estaba seguro que me adjudicaría la autoría, pero como no podría probarlo…
Cuando regresó  del trabajo pasó a mi lado y me miró con cara de odio. Yo no dije nada, me reí y le saqué la lengua a sus espaldas. Estaba convencido de que me tenía miedo.
Al llegar la noche decidí hacerle algo peor. Elegí el cantero con flores que hay a un costado de la entrada. Amparado por la penumbra hice mis necesidades fisiológicas allí. Disfruté horrores al pensar que el macizo plantado con sumo cuidado estaba ubicado justo debajo de la ventana de su habitación… Y que olería mis excrementos durante toda la noche…
Por la mañana vino a quejarse y a amenazarnos. Yo miré con mi mejor cara de inocencia y di a entender que no sabía de qué hablaba. Por las dudas y como se lo veía al borde de un ataque de nervios, fuimos hasta la comisaría. Pusimos una denuncia por “amenazas”. El comisario nos informó que sólo podían llamarlo y advertirle, lo que nos pareció razonable.
Dejé pasar unos días y mientras tanto pensé en que nueva maldad podría hacerle. Comenzaba el verano y llegó a casa de mi vecino una furgoneta. Descendieron cuatro operarios y uno que parecía el jefe desenrolló un plano. Cuando vi lo que hacían supe que volvería a actuar.
Los trabajadores enterraron metros y metros de tubo plástico de color negro. Me fascina el negro. Conectaron boquillas equidistantes unas de otras en todo el perímetro, volvieron a colocar los panes de césped que habían quitado y probaron el sistema. ¡El vecino había hecho instalar un riego por aspersión para mantener su bello césped! Me relamí de gusto.
Llegó el domingo por la mañana y como casi siempre, mi vecino salió con su caña de pescar y su valija. Recién comenzaba a despuntar el sol en el horizonte. Esperé  a que su coche se alejara, entré al jardín, desenterré el sistema de riego y se lo destrocé.
Cuando regresó era ya el mediodía. Tenía aspecto de satisfecho, con seguridad una buena mañana de pique, pensé. Observé con curiosidad la cara de estupor que se le quedó al ver el jardín. Tiró caña, valija y nevera al suelo y salió corriendo hacia el cuarto de las herramientas. Regresó casi al instante con un carpidor de mano y me encaró. Yo esperé a que levantara el brazo para asestarme el golpe, entonces di un salto, lo tiré al suelo y lo cogí por el cuello. Por suerte Enrique llegó a tiempo para impedir que lo matara.
Mi vecino puso la casa en venta y se mudó. Ahora Enrique, mi amo, me coloca un bozal para salir a la calle… Es lo que tiene de malo ser un perro con carácter.

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