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¿Adolescencia?




(Prólogo de la novela "Renascencia")
De manera unilateral, sin previa consulta a la Real Academia, he decidido cambiar el nombre a esa etapa de la vida que comienza en la pubertad y acaba en la juventud. La palabra adolescencia, ubicada entre adolecer y adolorido conlleva la sensación de padecer una enfermedad inevitable que se cura con el tiempo, como la gripe, y que puede paliarse aprendiendo a usar tampones, compresas, cremas depilatorias, maquinillas de afeitar o fumando.
Propongo la sustitución por “renascencia” y un cambio de significado. ¿Por qué renascencia?  Simplemente porque volvemos a nacer frente a una sociedad llena de tabúes, reglas e imposiciones; que se mueve con la lentitud de un mamut.
Renacemos a nuestras personales circunstancias en las que palabras como “justicia” y “equidad”, “tolerancia” y “comprensión” suelen asumir significados contrapuestos.
He desechado “adaptancia”, porque implicaría la aceptación derrotista de que el mundo es así y nada lo puede cambiar.
Si consideramos la tradicional definición de adolescencia como el lapso de tiempo que los individuos necesitan para considerarse socialmente autónomos, deberíamos ampliar la edad en algunos casos hasta la muerte.
Desde el punto de vista sexual, al despertar de la capacidad procreadora se le llama pubertad y los que en verdad adolecemos somos los adultos por no formar e informar adecuadamente a los niños antes y durante ese proceso. Desde el ángulo de las relaciones, la que adolece es la sociedad de una mentalidad retorcida y sucia al no aceptar que la sexualidad es algo inherente al hombre.
Jean Piaget quiso endilgarle a la adolescencia el inicio de la lógica deductiva para resolver problemas complejos, cuando en realidad depende del aprendizaje y la educación.
G. Stanley Hall, director allá por 1909 de la Universidad de Clark (Massachusetts); asignó a la adolescencia la condición de stress emocional debido a los rápidos cambios psicológicos producidos durante la pubertad. Sin embargo la antropóloga Margaret Mead determinaría que este stress es totalmente evitable y que se debe a un problema social.
Si como sostiene el Psicólogo Erik Erikson, el desarrollo es un fenómeno psicosocial que se extiende durante toda la vida y el objetivo del adolescente es pasar de ser una persona dependiente a una independiente, esta etapa debe llamarse de otra manera.
Yo definiría la “renascencia” como aquel período no cuantificable de tiempo en el cual constatamos que podemos relacionarnos con los demás sin dejar de ser nosotros mismos. En el cual aplicamos aquellas cualidades innatas con las que nacimos a problemas concretos y contrastamos los valores aprendidos en la familia o proclamados por la sociedad, para ver si vale la pena portarlos como estandarte.
Y por sobre todas las cosas es la etapa en que nos enamoramos totalmente, completamente y para siempre…

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Yo me he rebelado con llamar adolescencia a ese período de la existencia. Es que la palabra adolescente está ubicada entre adolecer y adolorido, y conlleva la sensación de padecer una enfermedad inevitable que se cura con el tiempo, como la gripe, y que puede paliarse aprendiendo a usar tampones, preservativos, cremas depilatorias, maquinillas de afeitar o fumando. Por ello he elegido «Renascencia» y la he definido como la etapa de la vida en la cual constatamos que podemos relacionarnos con los demás sin dejar de ser nosotros mismos. En ella aplicamos nuestras cualidades innatas y contrastamos los valores aprendidos en la familia o proclamados por la sociedad.De más está decir que hay personas de noventa años que todavía no la han superado. De ahí el valor de esta novela, ubicada temporalmente en el punto en que comenzamos a asomar la cabeza a un mundo nuevo, extraño, muchas veces incomprensible y las más de las veces profundamente cruel e injusto. Pero también tiene algo de misterio…

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