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Yanguanté



Los pies de Yanguanté casi no tocaban el suelo. Su cuerpo se movía en la oscuridad de la selva con la gracilidad de una gacela y la decisión de un jaguar. Sus oídos aguzaban la percepción de otras carreras, detrás de ella, a sus lados, adivinaban intentos de encerronas, acercamientos… Sus fosas nasales dilatadas venteaban entre respiración y respiración el olor de las pieles sudorosas, de las hormonas saliendo por los poros de sus perseguidores… Sus miembros inferiores evitaban el abrazo traicionero de lianas y enredaderas y se movían a una velocidad que se le antojó invisible para cualquier ojo. Yanguanté estaba cubierta de sangre aunque no era consciente de a quién pertenecía ese olor que debía intentar quitarse de encima cuanto antes si quería salvar su vida. Quizás la habían herido en uno de los zarpazos lanzados sin destino fijo, tal vez se había salpicado con la de alguno de los que no habían podido escapar… El ataque había sido fulminante, contra el viento, sin una décima de segundo para activar los músculos. Los depredadores habían saltado sobre sus caderas, precisos, rasgando con sus cuchillos las arterias femorales y los tendones de las piernas… Que alguien cayera daba tiempo a los demás para escapar, pero los depredadores no tenían hambre, estaban cazando para tener reservas y por ello con cada víctima tan sólo se detenía el autor y alguien más que le ayudara a inmovilizar el cuerpo hasta que la sangre acabara de salir y los estertores se detuvieran. Ella sabía que no dejarían de perseguirla, era joven y su carne era tierna y apetecible. No debía pensar en eso, no debía pensar en eso… El sentirse derrotada le quitaba velocidad, no escuchaba con la misma fiabilidad  ni olía de la misma manera. Debía creer que lo lograría, tenía mucha energía, deseos de vivir… como todos. ¿quién quiere morir?
Las carreras se adivinan más cercanas, se escuchan las ramas quebrándose unos metros más atrás. Yanguanté escucha su corazón latir al máximo de revoluciones. Ya no puede ir más rápido… la alcanzan. En cualquier instante se clavará el puñal en su cuerpo, que al menos sea preciso para no tener que sufrir más de la cuenta…
El ladrido de los perros la despierta. Su padre acaba de llegar de la cacería con una jabalí muerta…

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¿Por qué la adolescencia tiene tanta mala prensa?

Yo me he rebelado con llamar adolescencia a ese período de la existencia. Es que la palabra adolescente está ubicada entre adolecer y adolorido, y conlleva la sensación de padecer una enfermedad inevitable que se cura con el tiempo, como la gripe, y que puede paliarse aprendiendo a usar tampones, preservativos, cremas depilatorias, maquinillas de afeitar o fumando. Por ello he elegido «Renascencia» y la he definido como la etapa de la vida en la cual constatamos que podemos relacionarnos con los demás sin dejar de ser nosotros mismos. En ella aplicamos nuestras cualidades innatas y contrastamos los valores aprendidos en la familia o proclamados por la sociedad.De más está decir que hay personas de noventa años que todavía no la han superado. De ahí el valor de esta novela, ubicada temporalmente en el punto en que comenzamos a asomar la cabeza a un mundo nuevo, extraño, muchas veces incomprensible y las más de las veces profundamente cruel e injusto. Pero también tiene algo de misterio…

¿Cuándo comenzó su Renascencia?

Y usted preguntará: ¿Y eso qué es? Es normal que lo pregunte porque «Renascencia» es el acrónimo entre renacer y adolescencia. Y puede que usted diga: ¡Ah!, esa edad difícil o «la edad del pavo» como suelen llamarla algunos que deben haber nacido siendo adultos, porque de otra manera no se explica que la llamen así. O han intentado olvidarla de tan terrible que fue.Es que pareciera ser que la adolescencia fuese una clase de enfermedad que se cura con el tiempo. «¡Ya pasará! Es una adolescente». Cuando quise ponerle título a una novela juvenil que abarcaba el proceso de paso del niño al adolescente, quise investigar sobre esta etapa y lo que decían los expertos sobre ella. Y me encontré con que la definición tradicional dice más o menos lo siguiente: «Adolescencia es el lapso de tiempo que los individuos necesitan para considerarse socialmente autónomos» ¿Qué? ¿Socialmente autónomos? Si como sostiene el Psicólogo Erik Erikson, el desarrollo es un fenómeno psicosocial que se extiende dura…

¿Poco yo? Parte 1

Todos tenemos días en que nos sentimos poca cosa... casi insignificantes. ¿y si mirásemos al ser humano como si fuese un producto que compramos al nacer? El producto ser humano consta de dos partes principales: ·Componentes visibles ·Componentes invisibles Ya sé que le parecerá una verdad de Perogrullo. ¡Qué descubrimiento! ¿No? Pero de alguna manera hay que comenzar a desenredar la madeja. Creo que todos los colores de este producto al que llamamos ser humano constan de estos componentes sin excepción: negros, blancos, amarillos y todos los tonos intermedios. Como puede ver, en esto también somos iguales. Incluso comparten estas características todos los modelos de las diferentes marcas: varones, mujeres, transexuales, homosexuales, bisexuales, lesbianas y asexuales. Ocurre lo mismo con los tamaños y formas de los diferentes modelos: altos, bajos, flacos, gordos, niños, adultos, bellos y feos. Recapitulando, el producto ser humano tiene como finalidad ser feliz y viene de fábrica con dos …