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¡Receta infalible para salir de la crisis!

De hecho si tú eres el de traje que lleva el globo, no vale ni la pena que leas esto porque eres el único al que en el fuero íntimo no le interesa que se solucionen los problemas. 

Cada día, cuando salgo de casa para ir a trabajar, pongo la radio. Masoquista que es uno. Creo que lo hago con la secreta ilusión de que alguna mañana se produzca una noticia positiva. Después de tanto escuchar a tertulianos que diagnostican y diagnostican esta enfermedad llamada crisis; he llegado a la conclusión de que nadie tiene puñetera idea de cómo salir de ella. Saber cómo se produjo, quiénes han salido beneficiados, cuántos millones de personas han perdido su empleo, sus casas, sus ilusiones... Eso lo sabe todo el mundo, no sé para qué le pagan a un tío que en teoría es experto en algo... cuando cualquiera de la calle podría acertar con el diagnóstico.
Quienes hemos vivido en Argentina entre los sesenta (1960) y el fin de siglo XX, sabemos que "Hay que pasar el invierno", "con la democracia se come...", y tantos slogans ridículos que nadie con dos dedos de frente puede creerse. Pero la crisis no es patrimonio de Argentina, lo único que tenemos como ventaja es que la hemos vivido en todas sus virulencias y en todas sus manifestaciones.
No voy a hacer yo también un diagnóstico pero sí he de decir que: "todo lo que sube baja" y que no hay brubuja que no acabe explotando.
Es decir que si esperamos que los políticos nos saquen de la crisis, estamos fritos. No tienen idea, no saben cómo, están metidos en medio del bosque, pertenecen al sistema, administran la pobreza sin que les salpique.
Si confiamos en que las grandes empresas vendrán a darnos trabajo, a producir confort y bienestar... Somos unos tontos. Si vienen lo harán porque no pagarán horas extraordinaras, no habrá pagas extraslos, los sueldos serán una m.. y los derechos sociales habrán llegado a unos mínimos comparables con China, India o Pakistán.
Si esperamos que los bancos comiencen otra vez a dar créditos a las empresas y éstas inviertan ese dinero en nuevas fábricas, estamos soñando. Los bancos tienen un casino en las bolsas y los activos financieros mucho más rentable que prestarle a Pepe para que agrande su fábrica de colchones. Y Pepe no pedirá el dinero porque no sabe si la ampliación le permitirá pagar el crédito que deberá ser hipotecario o personal porque los créditos sociales a bajo interés y con carencias se agotan antes de salir al mercado.
Llegados a este punto parecería que ni Mandrake nos podría sacar del pozo. Es que mientras estemos dentro de este sistema, ya pueden venir mejorías, salvadores y profetas o falsos profetas. El resultado será siempre el mismo: unos años de bonanza y después otra crisis peor que la anterior.
En estos casos se produce un fenómeno equivalente al síndrome de Estocolmo y tras una crisis prolongada con privación de aire incluido, el preso, es decir: nosotros,  agradece lo que sea, hasta una esponja empapada en vinagre. No es un sistema nuevo, las glebas medievales eran similares y los campos de concentración nazis mejoraron la manera de corromper a los que deseaban salvar sus vidas y exterminar al resto.
Bueno, ¿cuál es esa receta infalible?, ¡por Dios!
La receta es salirse del sistema y no volver a entrar en él pase lo que pase...
Y ahora tú me puedes replicar diciendo: ¿Qué pretendes, que nos hagamos hippies?
Yo te contestaría que no es mala solución. El movimiento beat y luego el hippie estaban fuera del sistema en sus inicios pero volvieron a él o mejor dicho: "el estar contra algo todo el tiempo hace que la energía se agote muy rápido, porque no es sólo destruir lo que sobra sino construir lo que falta"
Mi receta es salirse del sistema y no volver a él, no pensar en él, no competir con él. En cuanto estemos tentados a medir fuerzas o a competir, habremos vuelto y estaremos nuevamente a merced de sus leyes.
¿Cómo se hace eso?
  • Analizar lo que tenemos y a quién puede interesarle. Es decir, si somos agricultores con buenos conocimientos botánicos, no vamos a esperar que suba el precio del pepino en el mercado o que los mayoristas nos paguen las naranjas a precio de oro. En cambio sí podemos analizar desde el punto de vista geográfico qué otro cultivo podemos agregar y qué valor se le puede adjuntar (envasado, ecológico, varietal, etc). Además, como no podemos entrar en el sistema, deberemos generar nuestro propio sistema de distribución y promoción ya sea utilizando las redes sociales o mediante la asociación "cooperativa" con alguien más. Y aquí está la clave del éxito: la vieja y perseguida cooperativa que tantos dolores de cabeza le ha acarreado al capitalismo. Si vamos a producir algo nuevo o con mayor valor, es necesario que evaluemos si hay interés en el producto y cuánto interés para poder hacer una valoración media de lo que podríamos llegar a producir.
  • Uno más uno dos y dos más dos cuatro pero no te acerques al banco. Cobrar recibos, hacer transferencias, pagar impuestos y nóminas... está bien, pero nada más. El secreto del éxito es la autofinanciación aunque debamos ir muy lentos.
  • Cuanto más pesada es una estructura más lenta es su respuesta, y menos ágil su adaptación. Si tu emprendimiento amenaza con transformarse en algo grande: divide. Pequeñas empresas enlazadas que funcionen de manera autónoma son más eficientes que una gran central.
  • Toda estructura que no se pague a sí misma o devengue ganancias no puede pertenecer al emprendimiento. Si yo necesito un contable durante una semana al mes, no contrataré uno en relación de dependencia sino que pagaré a un autónomo. Ésto que parece tonto ocurre en muchísimas empresas dentro del sistema. Ahora sí, cuando la implementación de un departamento nos permita ofrecer un servicio exterior rentable o pague con creces los servicios externos que contratamos... ¡bienvenido sea!
  • Ten en cuenta que la intermediación dentro del sistema es la que se lleva los grandes beneficios. Como no vas a competir con el sistema, no es necesario que tires los precios al suelo sino que ofrezcas un servicio diferencial al producto. ¿qué quiere decir? Si un intermediario se gana una buena tajada por distribuir y tú eres tu propio intermediario, utiliza ese margen extra para crear nuevos productos o servicios, mejorar el packaging o los plazos de entrega.
  • Si continuamos haciendo las cosas como hasta ahora, obtendremos los mismos resultados que hasta ahora.

Estas ideas tan simples ya han dado resultado a muchos emprendedores. Puedes ponerle todos los peros que quieras pero si no lo intentas no sabrás si funciona.
 

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