Friday, October 04, 2013

Desde la acera de enfrente las cosas se ven diferente...

Hasta no hace mucho tiempo, yo buscaba una salida a mis obras a través de una editorial. Y no había manera que alguna me hiciese caso. Yo no quería tan sólo ver mi nombre en una portada, hacer una presentación y sentirme importante. Quería establecer un contacto con las personas que están del otro lado, saber que aquello que quería decir había encontrado un oído y quizás un corazón dispuesto a guardar alguna palabra de todas las que he dicho y escrito. Pero las editoriales han estado muy ocupadas intentando copiar los éxitos de otros, subirse al carro de los vencedores como la Rowling, buscando hermanastros de las Sombras de Grey y dudosos succedáneos de vampiros, viajes interminables o juegos macabros.
Y eso ha venido ocurriendo desde hace muchos años y ha enriquecido a unas cuantas editoriales que hoy manejan el grueso del tráfico mundial de la cultura.
Pero yo necesitaba saber... no si era bueno escribiendo. Necesitaba saber si había alguien del otro lado. Por ello decidí que quería tirar mi caña en este mar impersonal, caprichoso e imprevisible de los lectores.Y así lo hice... No hubo editorial pero puse mi nombre no en una sino en dos portadas, hice presentaciones aunque siguen sin gustarme y no me sentí importante. El contacto con las personas fue quizás lo más reconfortante. Todavía hoy me animan: ¿Cuándo publicarás otro libro?, ¡Sigue escribiendo!, ¡no lo dejes!
Y a estas personas quisiera decirles que no dejaré de escribir, que no podría dejar de escribir y menos ahora que sé que están ahí.
Sin embargo hoy me encuentro del otro lado de la acera. Los dioses han querido que intente modificar lo que critico y me han colocado dentro de una editorial de reciente creación: "Àrbora Books".
En el momento de comenzar a trabajar como editor debí pensar en que hay un presupuesto, hay un previsto de beneficios, hay unos costos y hay un mercado ahí fuera que te puede llevar en andas o te puede crucificar. El camino más fácil es ver lo que está de moda, lo que arrastra multitudes y... copiarlo. En cambio el más difícil es generar una idea, estudiar el mercado, buscar una manera de promoción que llegue al público al que va destinado el libro, elegir a los artistas para desarrollar la idea, arriesgar un capital y... después de analizar, programar, estudiar y trabajar duro... rezar para que tenga éxito. Y si lo tiene, entender que detrás viene el listo de turno a colgarse de tu liana.
Ni la idea del escritor que se hace famoso y multimillonario sin dar un palo al agua ni la del editor sentado en el sillón del despacho y vendiendo derechos de autor por teléfono se corresponden con la experiencia que tengo hasta ahora. Quizás en Estados Unidos es distinto o las películas de Hollywood generalizan una realidad que es patrimonio de cuatro privilegiados...
Lo que sí he podido comprobar es que: "Desde la acera de enfrente las cosas se ven... diferente"



Tócame el alma




Somos animales muy extraños, nos amontonamos en pocos kilómetros y aún así, casi no nos relacionamos con los demás. Sin embargo, no hay felicidad mayor a la que sentimos cuando por cualquier razón, nuestra alma se roza con otra… Y a eso le llamamos química. (de la novela Yo, Úrsula)

Como seres gregarios necesitamos el contacto con otros humanos para realizarnos como personas.  Incluso nuestra salud se resentiría muchísimo si durante mucho tiempo no recibimos la sensación de otra piel sobre la nuestra. Todo lo externo nos está impulsando a ser infelices pero lo interno no se va a rendir sin dar batalla...






Noticia del Heraldo de Villavieja del Pajar.
El pasado 21 de Setiembre se llevó a cabo la celebración de las fiestas locales en honor a la Virgen Atascada. La Santa patrona, cuya confirmación oficial está todavía en proceso de investigación por parte de las autoridades eclesiásticas, fue llevada en andas por la recién creada orden de los “Atascados” y su imagen depositada en el sitio donde se la vio aparecer por primera vez hace varios años.

Yo estaba colocando la L en la luneta trasera del coche y mientras tanto pensaba en los pros y los contras de la virginidad. Si no hubiese sido por el desengaño de mi última relación, quizás nunca me hubiese apuntado a la escuela de conductores. Cuando el Jose se depiló pensé que era para nadar más rápido, al hacerse mechas azules imaginé que le molaba la onda punk, pero cuando se pintó los ojos no me pude tragar lo de “gótico”. Debo confesar que antes de dejarlo puse en la balanza el hecho de que el Jose tenía coche, pero no fue suficiente. Me bastó analizar un poco la situación para comprender que me saldría mejor de precio viajar en taxi. Yo no soy ni una superpuritana que le hace ascos hasta a la salchicha del plato combinado y tampoco una superpija que compra los Durex de sabores como si fuesen gominolas… por tanto elegí apuntarme a la super - autoescuela.
El teórico lo saqué a la primera, que soy rápida como el rayo en eso de las situaciones hipotéticas. Para la práctica me hicieron falta dos intentos además del primero… Es que tengo la cabeza muy dura… y no soy de recular.
Después de pasarle la lengua a las ventosas, al fin el cartelito de conductora novel quedó adherido al cristal y en un rapto de espíritu aventurero, decidí ir a visitar a mi amiga Anna, a Villavieja del Pajar: treinta y cuatro kilómetros más arriba, en plena montaña.
El pueblo tiene como casi todos un casco antiguo y una zona más moderna; y yo me equivoqué. En lugar de girar a la izquierda en la segunda bifurcación y luego a la derecha en la primera calle, cogí a la derecha en la primera y a la izquierda en la segunda. Conclusión: fui a  parar a la zona más antigua y me empotré en la callejuela más estrecha de todo el pueblo. Pero como dije antes, lo mío es ir para adelante y aunque los neumáticos chirriaban contra los bordillos, seguí avanzando. El próximo problema que encontré fue que los espejos rozaban contra las paredes, pero lo solucioné untándolos con crema de manos. Los neumáticos comenzaron a humear y el motor… también, pero yo no estaba dispuesta a darme por vencida. Mantuve la palanca de cambios en la directa y aceleré. El Renault 5 sonaba como un fórmula uno, pero adelantaba como una tortuga. Para colmo de males al ser la calle tan angosta, el humo se concentraba y a cada segundo veía menos. Esa fue la razón por la que casi atropello a un grupo de municipales que estaban desatascando una alcantarilla.
Supongo que los trabajadores se sorprendieron y confundieron la humareda con nubes celestiales y el ruido de los pistones desenfrenados con trompetas.
Yo no quise bajar por vergüenza, pero tampoco hizo falta. Los mozos, haciendo gala de una enorme fortaleza, levantaron entre todos el coche y me llevaron hasta las afueras del pueblo. Yo, roja como una amapola y encogida en el asiento iba moviendo el volante como si condujera. Ayudar no ayudé mucho, pero les dí unos buenos golpes con las ruedas delanteras a los jóvenes que iban adelante. Entre las nubes que todavía salían de debajo del capot, pude percibir las miradas de la gente. En ese momento no supe si eran de misericordia o de veneración.
Cuando me depositaron en el suelo, el mayor de los municipales se quitó la gorra y con una pequeña reverencia dijo:
—Ea, hija, ya te puedes ir.
Yo puse la primera y aceleré a fondo sin percatarme que había mucha arena fina, desecho de una obra en construcción. Pude observar la polvareda durante varios segundos por el espejo retrovisor y el grupo borroso sacudiéndose la ropa y refregándose los ojos.
No he vuelto más por aquel pueblo, pero veo que aquella gente no me ha olvidado y hoy celebran mi día. ¡El día de la Virgen Atascada!

New Realase!!!

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