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Entrevista a Ricard Corlëon

Una de mis funciones como asesor editorial de Àrbora Books es buscar escritores que puedan ser atractivos al público lector. Al comienzo parece tarea fácil porque hay miles de escritores deseosos de publicar sus historias. El problema es si hay miles de lectores dispuestos a leer lo que ellos escriben. Por supuesto que si hablásemos de Dan Brown, Paulo Cohelo y algunos otros afortunados, no haría falta hacer un estudio de mercado, ellos se venden solos. Pero no podemos de momento afrontar sus cachets y por lo tanto habremos de dirigirnos a escritores menos conocidos aunque no necesariamente menos buenos. Y hoy me ha tocado realizar una entrevista que me resultó al menos inquietante. Se trata de Ricard Corleön, un escritor que se define a sí mismo como un "boy" de la literatura contemporánea. No quiere fotografías, se cubre casi toda la cara con unas enormes gafas de sol y vive en una urbanización de Sant Jordi de Alfama que en invierno al menos produce un poco de temor por lo poco habitada. LLegamos hasta allí por un camino que deja bastante que desear pero la casa que surge entre un pequeño grupo de pinos parece de lo más acogedora. La planta baja ya es como un primer piso debido a que seguramente se ha aprovechado el nivel del suelo y el subsuelo para cocheras, almacenes y algo más que no sabemos qué es.
Ricard Corleön nos recibe en la amplia terraza a la que da su salón de estar. Afuera está fresco y hay humedad, llueve un agua muy fina que te empapa la ropa sin apenas darte cuenta. Cuando entramos nos obliga a descalzarnos. Miro mis calcetines con desesperación y me tranquilizo al ver que están sanos. El suelo es de madera y la sensación en los pies es agradable, cálida. Pienso en mi casa con sus baldosas frías y decido que cuando pueda cambiaré a parquet flotante. En el centro del salón hay un hogar enorme en el que chisporrotean varios troncos. El interior se siente confortable, ni excesivamente cálido ni incómodamente frío y lo mejor... bastante seco.
Esperábamos que nos invitase con un café o una infusión pero delante de nosotros abre una botella de vino negro, un Terra Alta col-elecció privada del 2002.
—¡Cámaras fuera! —exclama y un asistente muy amable pero muy firme nos pide que inactivemos hasta los móviles. No parece un acto de represión sino un signo de intimidad.
—Me pagan mucho dinero por no existir... o al menos por no aparecer en las portadas de las revistas...—dice sentándose en un sofá de piel blanco.
Yo, que soy proclive a creer en las teorías de la confabulación me imagino a Dan Brown o a Zafón dependiendo de lo que se le pase por la mente a nuestro Ricard Corleön... La realidad es que aquel tío gana dinero y mucho escribiendo para otros que se hacen famosos o ya son famosos pero incapaces de ligar cuatro frases seguidas...
—El oficio del "negro" en literatura, viene de la época medieval —me dice escanciando vino en unas copas cuyo pie es como una gota de vino derramada.
—Sí, pero la remuneración... —objeto con conocimiento de causa.
—Las cosas cambian y hoy por hoy a las editoriales multinacionales les es más fácil pagar cien mil euros por una novela de cuatrocientas páginas a un "negro" de confianza que apostar por lo que piense un autor "consagrado", borracho, drogado y exhausto de atender fiestas, galas y presentaciones...
—¿Y usted para quién escribe? —pregunto sabiendo que es improbable que conteste.
—Si se lo dijese perdería credibilidad delante de mis clientes, pero puedo ponerle sobre la pista de algunas obras...
—¿A sí? —cuáles por ejemplo.
—No le diré nombres pero sí le contaré un secreto que le permitirá deducir cuáles obras he escrito yo...
—¡Vaya primicia!, ¿nos permite grabarla en vídeo?
—¡No!
—Vale... —dejamos las manos quietas y aguzamos el oído porque sería el único medio de registrar la conversación.
—Nunca acabo mis historias...
—¿Cómo dice?
—Lo que habéis escuchado... Nunca acabo mis historias, llego hasta el nudo y desarrollo parte del desenlace, pero el final se lo dejo al autor, el que recibirá el crédito... y por el cual me pagan.
De golpe y sin aviso comenzaron a acumularse en mi cabeza los títulos de libros que parecían excepcionales hasta casi el final y luego se acababan en unas cuantas frases bobas que representaban no tener nada que ver con el resto de la narración. Y no digo nombres porque no quiero recibir cédulas judiciales por algo que me reveló un hombre que vive en las sombras...
—¿Y podría decirnos cuánto gana anualmente con esta profesión? —pregunto más por morbo propio que por interés periodístico.
— Ahora se ha reducido un poco pero podría decir que entre cuatrocientos y quinientos...
Allí se me fue la pinza porque deduje que de ganar cuatrocientos o quinientos euros mensuales no había manera de mantener el tren de vida que llevaba y esa casa y que por necesidad debía tener otros ingresos...
—Bueno, puede que llegue a los seiscientos mil euros anuales si cuento algunos artículos...
Y la nao de mi especulación recibió un cañonazo en plena popa que desarboló todo el velamen.
—¿Seiscientos mil euros mensuales por escribir para otro? —se me escapó la pregunta.
—Anuales, no mensuales ¿Le parece poco?
—No necesariamente...
—Pues no crea que es mucho teniendo en cuenta que yo produzco los éxitos por los que tanto "autor" y editores ganan millones y millones de dólares y no pensemos en las historias que se transforman en películas porque yo no recibo nada pero los derechos se pagan como mínimo a un millón de euros...
Yo comencé a dudar que aquel tío fuese un loco, pero... ¡qué bien vivía! Sin embargo decidí que o sacaba provecho de aquella entrevista o desenmascaraba a un farsante.
—¿Y no piensa publicar nada como usted mismo?.. qué si es tan bueno podría ganar cien veces más... —lancé la puñalada trapera... ¡Qué no tenía ganas de seguir escuchando chorradas!
—Pues sí y por eso os he permitido venir... —dijo y se me cayó la mandíbula.
—En este pen tenéis dos novelas, son para público adolescente..., me interesa saber cómo enfocaríais la promoción.
—¿Con qué nombre publicaría? —pregunté pensando que quizás podríamos utilizar algo de su trayectoria.
—Ricard Corleön...
—¿Su verdadero nombre?
—No, ¡hombre! es un seudónimo, con mi verdadero nombre recibo los talones de las obras que escribo para terceros, pero nunca sabrás cuál es...
Me levanté del sofá con una leve sensación de relax, producida por el vino, tal vez. —Este mundo no acabará nunca de sorprenderme, —me dije y me alejé rumbo al coche con la mano derecha en el bolsillo de la americana, sosteniendo el dispositivo USB, no fuese a ser que desapareciera...

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