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Habla sólo cuando tus palabras sean más valiosas que tu silencio

Durante meses parece que desaparezco del blog, de las redes sociales y de todo lo que no sea mi entorno más cercano. Y lo agradezco porque no es que esté inactivo sino que lo que pueda decir es menos valioso que el silencio... Mi vida se reinventa cada xxx años, las puertas se cierran pero se abren las ventanas y entra el sol. Yo vivo en una constante sensación de sorpresa. Lo que creía hasta ayer es tan sólo la cubierta del libro que tengo en mis manos hoy. No me entendáis mal. No es que voy dando botes de una pared a otra sino que es como un GR. Paso de lugares umbríos, acogedores a la más abierta naturaleza inclemente para luego llegar a una playa de aguas tranquilas. Y lo que parecía no tener ningún sentido, se ve a la distancia como un trozo del camino que era necesario recorrer. Todo sirve, incluso aquella inmersión no deseada que te obliga a retener la última burbuja de aire en los pulmones para no morir. Todos deberíamos pasar por aquel momento en que nuestra alma constela los instantes claves del pasado y une los acontecimientos deshaciendo la red que nuestra mente había urdido para mantener el stato quo. El Evangelio habla de Tarso que cayó de su caballo fulminado por un rayo y así encontró la iluminación. Yo me he caído de casi todo lo que levante del suelo y muy iluminado no estoy porque aún debo encender la luz eléctrica cuando se hace de noche. Por ello seguiré escribiendo cuando mis palabras sean más valiosas que mis silencios y no me importará nada si las leéis o no. Es mi camino... Y ahora sé que no tengo nada que decir, que no hay ningún mensaje que deba transmitir como misión. Es un alivio saber que puedo escribir las historias que se me ocurran sin la necesidad de incluir en ellas algo más. Eso sí no puedo asegurar que dejen de existir los mensajes cifrados, las verdades repetidas y las frases con doble sentido. "El que quiera entender que entienda..."

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¿Por qué la adolescencia tiene tanta mala prensa?

Yo me he rebelado con llamar adolescencia a ese período de la existencia. Es que la palabra adolescente está ubicada entre adolecer y adolorido, y conlleva la sensación de padecer una enfermedad inevitable que se cura con el tiempo, como la gripe, y que puede paliarse aprendiendo a usar tampones, preservativos, cremas depilatorias, maquinillas de afeitar o fumando. Por ello he elegido «Renascencia» y la he definido como la etapa de la vida en la cual constatamos que podemos relacionarnos con los demás sin dejar de ser nosotros mismos. En ella aplicamos nuestras cualidades innatas y contrastamos los valores aprendidos en la familia o proclamados por la sociedad.De más está decir que hay personas de noventa años que todavía no la han superado. De ahí el valor de esta novela, ubicada temporalmente en el punto en que comenzamos a asomar la cabeza a un mundo nuevo, extraño, muchas veces incomprensible y las más de las veces profundamente cruel e injusto. Pero también tiene algo de misterio…

¿Cuándo comenzó su Renascencia?

Y usted preguntará: ¿Y eso qué es? Es normal que lo pregunte porque «Renascencia» es el acrónimo entre renacer y adolescencia. Y puede que usted diga: ¡Ah!, esa edad difícil o «la edad del pavo» como suelen llamarla algunos que deben haber nacido siendo adultos, porque de otra manera no se explica que la llamen así. O han intentado olvidarla de tan terrible que fue.Es que pareciera ser que la adolescencia fuese una clase de enfermedad que se cura con el tiempo. «¡Ya pasará! Es una adolescente». Cuando quise ponerle título a una novela juvenil que abarcaba el proceso de paso del niño al adolescente, quise investigar sobre esta etapa y lo que decían los expertos sobre ella. Y me encontré con que la definición tradicional dice más o menos lo siguiente: «Adolescencia es el lapso de tiempo que los individuos necesitan para considerarse socialmente autónomos» ¿Qué? ¿Socialmente autónomos? Si como sostiene el Psicólogo Erik Erikson, el desarrollo es un fenómeno psicosocial que se extiende dura…

¿Poco yo? Parte 1

Todos tenemos días en que nos sentimos poca cosa... casi insignificantes. ¿y si mirásemos al ser humano como si fuese un producto que compramos al nacer? El producto ser humano consta de dos partes principales: ·Componentes visibles ·Componentes invisibles Ya sé que le parecerá una verdad de Perogrullo. ¡Qué descubrimiento! ¿No? Pero de alguna manera hay que comenzar a desenredar la madeja. Creo que todos los colores de este producto al que llamamos ser humano constan de estos componentes sin excepción: negros, blancos, amarillos y todos los tonos intermedios. Como puede ver, en esto también somos iguales. Incluso comparten estas características todos los modelos de las diferentes marcas: varones, mujeres, transexuales, homosexuales, bisexuales, lesbianas y asexuales. Ocurre lo mismo con los tamaños y formas de los diferentes modelos: altos, bajos, flacos, gordos, niños, adultos, bellos y feos. Recapitulando, el producto ser humano tiene como finalidad ser feliz y viene de fábrica con dos …