Sunday, June 08, 2014

Convenciones sociales




Juan quería ser poeta. Le apasionaban los versos, disfrutaba con la música que producen las palabras enlazadas. Se imaginaba que sus poemas serían algún día canciones y recorrerían el mundo repetidos por millones de gargantas.
Un día se lo dijo a su padre.
—Papá, quiero ser poeta.
—¿Y cómo te ganarás la vida, hijo? —preguntó el padre y la cara del niño se ensombreció.
—Mira, creo que lo más adecuado es que estudies una profesión o elijas un oficio, como yo. Eso te hará un hombre de bien. Luego buscas una buena chica como tu madre, a la que le gusten los niños. Te casas y formas una preciosa familia. Te compras una casa, un coche y ves crecer a los hijos, les das estudios y un día te harán abuelo como espero serlo yo… Es la vida.
Juan no volvió a escribir ni un solo verso más. Eso sí, estudió química industrial, entró a trabajar en una gran empresa y gracias a su esfuerzo fue escalando posiciones hasta llegar a jefe. Conoció a una dulce jovencita, se enamoró y se casó. Tuvieron tres hijos adorables, compraron una enorme casa con jardín, un coche familiar y un chalet de fin de semana en las montañas.
Pero Juan siempre estaba inquieto, se irritaba por cualquier tontería y buscaba estar siempre ocupado. Cuando ya los dos pequeños estaban en edad escolar y el mayor en el instituto, la empresa para la que trabajaba  decidió cerrar su planta e irse fuera del país. Juan se quedó sin trabajo. Aunque tenía ahorros y había sido indemnizado, su ritmo de vida lo llevó en poco tiempo a gastar todo lo que tenía.
Juan recorrió sin éxito empresas grandes medianas y pequeñas. La crisis había hecho que todas tuviesen que reducir personal y Juan entró en una depresión profunda por lo que debieron ingresarlo en un instituto de salud mental.
Un día su hijo mayor fue a visitarlo; acababa el bachillerato y no sabía qué hacer con su vida. Aún a sabiendas que quizás no le contestase, el joven hizo la pregunta:
—Papá… —el padre no levantó la cabeza que tenía hundida entre las manos.
—Acabo este año el bachillerato y no sé que hacer…
Hubo unos minutos de silencio. Luego Juan levantó con esfuerzo la cabeza y miró a su hijo desde aquellos ojos hundidos y aguardentosos.
—Busca aquello que te haga feliz. No importa lo que te digan...
Alos pocos meses Juan comenzó a mejorar, dejó la medicación y recibió el alta.  A su última visita al psicólogo acudió con una libreta en las manos.
—¿Qué es esa libreta Juan? —preguntó el terapeuta y Juan sonriendo de oreja a oreja contestó:
—Soy poeta…


Sunday, June 01, 2014

Educar para la libertad



En una finca del Burgá que poca gente conoce, nacieron al mismo tiempo y de diferente madre, dos cabritos: Tizón y Luna.
Tizón nació en el corral cuyo límite estaba dado por dos alambres conectados a un boyero eléctrico. Luna en cambio lo había hecho en medio del bosque, salvaje, quizás producto del viejo dicho que dice que “la cabra siempre tira al monte”.
Un día los dos pequeños se encontraron frente a frente, uno a cada lado de los alambres.
—¡Ven a jugar conmigo! —invitó Luna— Tenemos todo un bosque para correr, saltar y hacer cabriolas.
—Mi mamá no me deja —repuso Tizón— dice que soy un cabrito de granja y debo aprender a comportarme como tal. Además estos alambres están electrificados y no puedo saltar sin tocarlos.
—Vale, tú mismo —dijo Luna y salió corriendo hacia el bosque. Se pasó horas investigando cuevas, corriendo detrás de los pájaros, persiguiendo ardillas y ramoneando cuanta hierba apetecible apareciera ante sus ojos.

Tizón en cambio recibió su ración de pienso, mamó de la leche de su madre y trotó por el corral pero sin grandes desmanes. Debía ser un cabrito educado aunque por dentro sintiese la necesidad de saltar y correr.
Al día siguiente Luna volvió.
—¿No quieres venir a jugar conmigo? Ayer descubrí una cueva hermosísima y hay unas flores que te hacen estornudar cuando las comes…

—No puedo, hoy debo aprender el idioma del granjero que es el que nos da de comer.
Y Luna volvió a correr y saltar por el bosque compadeciéndose del pobre Tizón. Hasta que cuando estaba a punto de comerse un brote tierno y apetecible de hinojo, sintió un olor raro y alarmante que traía el viento. Todo su cuerpo se puso en tensión y lamentó haberse alejado de su madre. Por un instante permaneció tiesa con las patas apretadas contra el suelo. Pero el olor iba en aumento y un click dentro de su cerebro la hizo salir disparada. Y Luna corrió y saltó por sobre matas y argilagas, sin mirar atrás, con la sensación de tener a alguien adherido a sus ancas. Y sólo se detuvo cuando sus fuerzas comenzaron a fallar.
Quizás Tizón tenga suerte después de todo, pensó mientras intentaba recuperar el aliento, en el bosque hay cosas muy bonitas pero también muchos peligros… Los lobos por ejemplo o puedes caerte y romperte una pata y entonces vendrán las aves de rapiña para acabar de matarte… O puedes morder una planta venenosa por equivocación y nadie llamará al veterinario…Y si la primavera es muy seca cuesta encontrar pastos apetecibles o brotes tiernos. Y él tiene su ración de pienso asegurada cada día…
Luna estuvo unos cuantos días pensativa, ramoneando sin apetito y saltando sin entusiasmo. Al fin se decidió a volver a buscar a Tizón. Quizás él quisiera saltar por sobre los alambres electrificados y juntos correrían por el monte. Y si aparecía algún peligro se tendrían el uno al otro para estar alertas y ayudarse. O podía que ella decidiese entrar al corral, no era tonta y era capaz de aprender a ser educada.
A medida que iba acercándose a la granja la desconfianza y el desánimo comenzaron a quitarles fuerzas a sus patas. Para cuando llegó a los alambres, Luna tenía un olor muy feo impregnando sus fosas nasales…
Tizón pendía de un gancho y el granjero había comenzado a quitarle la piel.



Tú decides la educación que quieres darle a tus hijos.
La libertad es peligrosa pero domesticarse es mortal…
 

Viendo como se cocina la próxima guerra

Cuando comencé a recopilar información para escribir la novela "La Fatalidad de la Rosa y el Picaport", título todavía provisional hasta que la acabe, quise entender las circunstancias que llevaron a España a una guerra fratricida y al resto del mundo a un conflicto armado de consecuencias catastróficas. No soy analista político y de todo lo que leí en su día debí hacer mi propia situación de lugar porque deduje que las opiniones de los especialistas estaban teñidas de algún interés político. Hoy me parece que estamos cocinando el mismo guiso, ojalá me equivoque pero si es así quizás sea el momento de que abramos los ojos porque ya sabemos lo que pasó. Os ofrezco los ingredientes que a mi modesto modo de ver se dieron en la década del 30 y os animo a comparar con lo que está sucediendo ahora:
  • Incremento de la desigualdad social y económica.
  • Ignorancia tolerada y provocada.
  • Grandes privilegios para algunas castas encumbradas en el poder.
  • Aparición de grupos que representaban el descontento.
  • Aglutinamiento de sectores violentos que veían en la destrucción del sistema la solución de todos los males.
  • Pérdida de poder de los partidos de derechas con su consiguiente radicalización hacia el fascismo.
  • Aumento de poder de la izquierda con la consiguiente afiliación de los sectores más radicales.
  • Aparición de los nacionalismos como aparente solución para la defensa de los intereses comunes de una nación o pueblo.
  • Demonización por parte de la maquinaria capitalista de todos los sectores no afines a sus intereses.
  • Financiación y ensalzamiento de pseudo líderes (paranoicos, egocentristas, iluminados) que introducidos en los movimientos peligrosos para los poderosos, los pudrieron por dentro desviándolos de sus objetivos iniciales.
  • Aparente triunfo de la democracia con partidos radicalizados que quisieron tomar represalias contra los encumbrados y lo único que consiguieron fue incrementar el odio.
  • Reacción de los poderosos a través de una guerra y recuperación del statu quo.


Las técnicas empleadas para la cocción son la de la olla de presión, el baño maría, el chuf chuf a fuego lento y el wok a toda pastilla. El plato acabado tiene propiedades empobrecedoras, resignativas y depurativas. Y lo que es peor: el combustible que se quema es el pueblo y el manjar se lo siguen comiendo los mismos de siempre.

New Realase!!!

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This book will be published first for Englis readers

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Cinco céntimos.

Cinco Céntimos sobre mí No soy de escribir mucho sobre mí, aunque dicen por ahí que uno no puede escribir más que sobre sí mismo. Con...