Sunday, November 15, 2015

Escribir: Arte VS. Oficio, VS. Talento.



En los últimos años ha habido una proliferación de “escritores”. Tal parece que hubiese más gente que escribe que lectores. Hay quienes se han aventurado a declarar que “la literatura se muere”, que el hecho de que todo el mundo escriba la está llevando a la agonía. Otros opinan que las nuevas tecnologías la están matando.
Yo disiento.
La literatura como cualquier arte está cambiando. Y me alegro por ello. El hombre cambia, el lenguaje también y la literatura sigue ese mismo proceso. El hecho de que haya hoy tantos escritores, me corrijo, tantas personas que escriben; es síntoma de la evolución. Es que, “todos” sabemos escribir y leer. Me podréis decir que los índices de analfabetismo, bla, bla, bla, pero la realidad es que en menos de una centuria, el analfabetismo se ha reducido a nivel mundial desde un 70%, 60% o 40%, en los países más desarrollados; a un 4% o un 3%. Hoy día, si quieres estar comunicado tienes que saber leer y escribir, aunque sea “mal”. Y la literatura es el vehículo de la lengua. Como dijo hace poco Joan Francesc Mira: (https://es.wikipedia.org/wiki/Joan_Francesc_Mira), una lengua no se consolida como tal hasta que no se hace literaria. Es decir, hasta que no se escriben libros con ella.
El escribir es un arte y como tal necesita de maestros. Por ello se insiste tanto a quienes deciden practicarlo… que deben leer mucho. Y es cierto, la única manera de escribir bien, parece ser,  es leer a los que lo hacen o hacían bien, ya que algunos están muertos. El problema suele ser que muchos escritores, e incluyo ambos sexos en la acepción, se quedan en eso. Es decir escriben como lo que han leído, imitan el estilo de sus maestros. Y en general, el resultado es bastante pobre. Recuerdo, hace muchos años, que una crítica literaria me dijo que yo escribía como el Gabo. Creo que engordé diez kilos aquel día. Si lo hiciese hoy, me entristecería, porque significaría que me quedé imitando “Cien años de soledad”. El mejor maestro de bonsái que haya conocido sentenciaba: “sigue a un maestro, luego a otro y quizás a un tercero, pero tarde o temprano deberás elegir tu propio camino”. Y el bonsái es un arte, como escribir. Por tanto, de la conjunción de estilos que te han marcado como lector, deberá surgir el tuyo propio, con sus propias peculiaridades.
Escribir es un oficio y como tal necesita práctica. No porque hayas hecho un cacharro de barro te conviertes en alfarero. Un cuento, dos, diez, no te convierten en escritor. Quien hace su primer cacharro cree, en general, que lo ha hecho bien. Un alfarero avezado encontraría miles de defectos. Puede que tengas un golpe de suerte y tu primer cacharro te salga ni que pintado. No deja de ser un golpe de suerte. A Joan Miró lo criticaban en su época porque pintaba como un niño. Él se defendía diciendo que le había costado veinte años de trabajo, pintar como un niño. Y es cierto. A Picasso le sucedió lo mismo. No es malo desandar un camino, ya tienes la experiencia de haberlo caminado. Y es además la única manera de saber dónde lleva. Hoy tenemos la urgencia de triunfar, ¡rápido! Y por allí puede que comience a agonizar la literatura, el bonsái, la escultura, la pintura, la música… y hasta la alfarería. Cuando era joven estas mismas palabras me parecían pamplinas, ahora las digo yo.
Para escribir se necesita talento. Y aquí hemos encontrado a la madre del borrego. El talento no se puede imitar, no se puede obtener de la práctica. Como máximo, se puede descubrir y cultivar. Y a veces se confunde con oficio, con ser buen imitador o con ser extravagante. ¡Total! El consumidor no sabe distinguir, el lector es tonto… Puede. Sin embargo, sigue teniendo validez el dicho: “puedes engañar a muchos durante poco tiempo, o a pocos durante mucho tiempo, pero… no puedes engañar a muchos durante mucho tiempo”.
El problema del talento es que suele ser un potro desbocado. A las personas con talento les suele costar enfocarse, concentrarse en una actividad. Se aburren muy fácilmente. Por ello necesitan un maestro, un andarivel que los contenga, y practicar.
Para descubrir y cultivar el talento existen los talleres de escritura creativa, aunque muchos se confunden con una escuela para enseñar a escribir. Y en realidad a escribir, deberían enseñarnos en la escuela, enseñar a dominar el lenguaje es patrimonio de los maestros. Escribir literatura es otra cosa. Así llegamos al punto que por una manca educativa, quien tiene talento, además de cultivarlo, debe reaprender a caminar (porque escribir es como caminar). Los talleres de escritura creativa deberían ser para las editoriales, como el campo para los labradores. Pero no lo son. Algunas como Mondadori han creado sitios para aquellos a los que les gusta escribir y dejan la carnada, que si eres bueno, quizás te “fichen”. ¡Y una mierda!
Escribir es arte, es oficio y ninguna de estas actividades puede desarrollarse sin… talento. Como un taburete de tres patas, no hay manera de que se sostenga en pie con dos.
Si te agrada escribir, haz un buen taller de escritura creativa, que no te engañen. “No te hace falta saber lo que es un personaje”. Necesitas convencerte de que tienes talento. Todo lo demás lo hace el oficio o seguir a un maestro. Para hacer un anillo de oro hace falta fundirlo, machacarlo, moldearlo y pulirlo. Pero no se puede hacer nada si no hay “oro”.
Si descubres que no tienes talento para la literatura, alégrate. Seguro que tienes valores para otras actividades y puede que hasta sean más sencillas.
Si tienes talento, lees mucho, escribes un montón y te esfuerzas en mejorar cada día… nada te garantiza que triunfes, porque “todos sabemos escribir”

Thursday, October 22, 2015

Cuando tu mundo se acaba




Cuando tu mundo se acaba, siempre buscas el mal menor.
Puede que te hayan señalado con el dedo por tus ideas, puede que ya no haya futuro para tus hijos, puede que el hambre, la inseguridad, el cansancio, la violencia, la injusticia o la miseria, te empujen. Y entonces tomas la decisión de emigrar, de irte.

No es fácil. El desarraigo es muy duro. No sabes lo que encontrarás, allí, donde vayas. Es comenzar todo de nuevo, una nueva historia, quizás otro idioma, otras costumbres, una realidad diferente.

Y tú esperas que todo vaya a mejor, porque a peor no podría ir sin dejar de ir a ningún sitio.
No puedes llevarte casi nada, sólo recuerdos. Y los que se quedan, porque siempre hay alguien que prefiere quedarse… se apropiarán de lo que dejaste. Sí, es así. El ser humano es así, no me digas que no. ¿Qué no debería serlo? Estamos de acuerdo. Pero entre el “debería” y el “es” hay una larga distancia de justificaciones, de excusas, de codicia…
Y casi nunca la tierra prometida es tan “prometida”. Yo diría que hasta podríamos eliminar el “casi”.
Allí donde llegues serás un extraño, un forastero, un gringo, un gallego, un indeseable, un ladrón, un sudaca… No te lo dirán a la cara. No es necesario. Pero lo sentirás en la indiferencia y también en las diferencias. Ya puedes hacer gueto o intentar integrarte, da igual. Quizás tus hijos o tus nietos pasen más desapercibidos, ¿pero tú? No eres el hijo de… no eres del pueblo, no eres…

Si lo vemos desde la otra acera. A nadie le gusta que lo invadan, que se queden con su trabajo por menos salario, que usufructúen sus derechos… a nadie le gusta eso. Y menos aún si el gobierno de tu país ha permitido que te quedes sin trabajo, sin casa, sin educación para tus hijos y sin atención sanitaria de calidad. Te pidieron sacrificio para salir de la crisis y ahora le ofrecen a unos extraños, aquello que a ti te niegan.
¿Y ahora te acuerdas? ¿Ahora te das cuenta?
¿Por qué no saliste a la calle en cuánto sentiste tus derechos vulnerados?
Ya verás que pronto, la culpa será de los inmigrantes.
Lo veo cada día en las noticias, ahora le tocó a los sirios. Una guerra por intereses económicos, como todas. Las recetas de los países no cambian:
·         Se hacen los tontos.
·         Cierran fronteras
·         Abren fronteras ante el riesgo de motines.
·         Vulneran los derechos humanos.
·         Confinan a los inmigrantes en campos indignos.
·         Abren fronteras, que se jodan los de al lado.
·         Blindan fronteras.
·         Ofrecen lo que no pueden dar. Incluso lo que sus propios habitantes no tienen.
·         Abren fronteras.
·         Las vuelven a cerrar.
·         Estigmatizan a los inmigrantes.


Ha pasado en todas las migraciones que hubo a lo largo de la historia. Y no fueron pocas. No te ilusiones si hay gente que se conmueve y sale a recibirte. Y te ofrece chocolate y comida caliente. Es sólo emocional, pronto se les pasará. Los sacudió una foto, el vídeo de una pija malnacida pateando a otros seres de su propia especie...
Mientras escribía “La Rosa y el Picaport”, se me crisparon muchas veces las manos sobre el teclado. También trata de refugiados, de emigrantes. Como mis abuelos, quizás como los tuyos. Fue en 1939, cuando finalizó la Guerra Civil española. Y no fueron 1.000, ni 5.000, ni 100.000. Fueron 1.000.000 de personas. Y con una parte de ellas, los refugiados del campo de Angouleme en La Charente, Francia; los nazis decidieron probar el primer campo de exterminio. Por supuesto que antes les dieron chocolate, pan y queso. Y les dijeron que los llevaban a un lugar mejor.
 No eran judíos pese a la propaganda que adjudicó el Holocausto a ese colectivo, eran españoles. No estaban en guerra con Alemania, pero eran esa raza “casi no humana” a la que se denomina refugiados, inmigrantes. No tenían derechos, no tenían patria. Ahora tampoco los tienen. Es que hasta las fotos se parecen... casi ochenta años después


En aquel momento el gobierno español se desentendió, como el sirio ahora. El gobierno francés quería deshacerse de ellos como de la peste, los austríacos miraron hacia otro lado, Estados Unidos se hizo el tonto. Le interesaba la guerra, era la oportunidad para parar a los comunistas y que sus empresas hicieran el “agosto”. ¿Te suena de algo?
Nadie emigra por gusto. Viajar, sí, por supuesto. Pero emigrar… emigrar sólo se hace por necesidad, cuando tu mundo se acaba. 
Intentas elegir el mal menor, pero muchas veces la tierra no es la prometida y el mal, puede ser mayor.
 

Sunday, September 27, 2015

Hablemos del Amor




Es con seguridad será la palabra más pronunciada, la más escrita, la susurrada con mayor
dulzura. Entonces por qué no escribir sobre él.

Veamos que dice nuestro diccionario de la Real Academia:
"Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser"
"Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear."

Y aquí ya comienzo a discrepar. ¿Quiere decir que quien no ha encontrado el amor es insuficiente? ¿Quiere decir que si no hay reciprocidad en la unión somos incompletos?


Pues entonces deberíamos tener un instinto del amor que nos haga buscarlo todo el tiempo y a todas horas, para no acabar incompletos y deficitarios. Y además procurar que no se nos escape una vez encontrado, aunque tengamos que atarlo...

¡Uy!, ¡qué mal suena!

Por el contrario yo pienso que venimos al mundo completos y suficientes, con capacidades a desarrollar y es precisamente el amor de padres lo que nos alentará a desenvolver esas virtudes innatas hasta llegar a ser unas personas majestuosas, amantes de nosotros mismos y entusiasmadas en forjar nuestro destino.

De lo contrario mal lo tendremos yendo cojos o tuertos por la existencia en súplica permanente por un mendrugo de amor que actúe de muleta para nuestra pierna mala o lente para nuestro ojo defectuoso.

Una frase hecha:
"Quien no se ama a sí mismo no puede amar a otro"

Habrá a quien le parezca egoísta pero no lo es. ¿No es más egoísta obligarte a ser toda tu vida mi pierna buena o mi ojo avizor cuando tú quizás querías ser violinista o patinadora?

"Somos animales muy extraños, nos amontonamos en pocos kilómetros y aún así, casi no nos relacionamos con los demás. Sin embargo, no hay felicidad mayor a la que sentimos cuando por cualquier razón, nuestra alma se roza con otra… Y a eso le llamamos química."

Eso pensaba Úrsula, la novela que publiqué por primera vez en 2011. Y sí, quizás en eso
radique el amor: en dos almas que se tocan. Pero si se trata de eso, deben darse dos elementos
sustanciales. En primer lugar dejar salir nuestra alma, que no es fácil y menos con la cantidad
de tabúes y condicionamientos sociales a los que nos vemos expuestos. La segunda: tener un
alma bonita para mostrar...


TENER UN ALMA BONITA PARA MOSTRAR...

Volvemos a lo que decíamos más arriba. Para tener un alma bonita, debemos cuidar, hacer
crecer y alimentar la que nos vino de fábrica. Y eso sólo se consigue amándonos a nosotros
mismos. Que tengáis un buen domingo.

New Realase!!!

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