Skip to main content

Posts

Showing posts from 2016

¿Cuándo comenzó su Renascencia?

Y usted preguntará: ¿Y eso qué es? Es normal que lo pregunte porque «Renascencia» es el acrónimo entre renacer y adolescencia. Y puede que usted diga: ¡Ah!, esa edad difícil o «la edad del pavo» como suelen llamarla algunos que deben haber nacido siendo adultos, porque de otra manera no se explica que la llamen así. O han intentado olvidarla de tan terrible que fue.Es que pareciera ser que la adolescencia fuese una clase de enfermedad que se cura con el tiempo. «¡Ya pasará! Es una adolescente». Cuando quise ponerle título a una novela juvenil que abarcaba el proceso de paso del niño al adolescente, quise investigar sobre esta etapa y lo que decían los expertos sobre ella. Y me encontré con que la definición tradicional dice más o menos lo siguiente: «Adolescencia es el lapso de tiempo que los individuos necesitan para considerarse socialmente autónomos» ¿Qué? ¿Socialmente autónomos? Si como sostiene el Psicólogo Erik Erikson, el desarrollo es un fenómeno psicosocial que se extiende dura…

¿Por qué la adolescencia tiene tanta mala prensa?

Yo me he rebelado con llamar adolescencia a ese período de la existencia. Es que la palabra adolescente está ubicada entre adolecer y adolorido, y conlleva la sensación de padecer una enfermedad inevitable que se cura con el tiempo, como la gripe, y que puede paliarse aprendiendo a usar tampones, preservativos, cremas depilatorias, maquinillas de afeitar o fumando. Por ello he elegido «Renascencia» y la he definido como la etapa de la vida en la cual constatamos que podemos relacionarnos con los demás sin dejar de ser nosotros mismos. En ella aplicamos nuestras cualidades innatas y contrastamos los valores aprendidos en la familia o proclamados por la sociedad.De más está decir que hay personas de noventa años que todavía no la han superado. De ahí el valor de esta novela, ubicada temporalmente en el punto en que comenzamos a asomar la cabeza a un mundo nuevo, extraño, muchas veces incomprensible y las más de las veces profundamente cruel e injusto. Pero también tiene algo de misterio…

¿Poco yo? Parte 2

En la entrada anterior habíamos hablado de lo maravilloso que es el producto ser humano en su parte externa, en sus componentes visibles.¿Qué es lo invisible que nos hace espectaculares?        Componentes invisibles ·MENTE ·ESENCIA Y Usted podría preguntar: ¿Solo dos y además tienen nombres usados hasta el cansancio, con las intenciones más diversas? 
Sí, es cierto. No se me ha ocurrido otra forma de nombrarlos ya que estos términos están en uso incluso entre los neurocientíficos. A decir verdad, podría cambiar ESENCIA por ALMA, pero no sé si no sería todavía peor.
Mente
Los antiguos griegos llamaban a la Mente psyché o psiquis aunque ellos le daban el significado de alma y establecían que allí residía la conciencia o inconciencia del producto ser humano. Hoy en día se le atribuyen a la Mente los procesos de: ·Cognición (conocimiento) ·Emociones ·Creatividad ·Memoria ·Aprendizaje ·Sensaciones ·Percepciones ·Pensamientos ·Sentimientos ·

¿Poco yo? Parte 1

Todos tenemos días en que nos sentimos poca cosa... casi insignificantes. ¿y si mirásemos al ser humano como si fuese un producto que compramos al nacer? El producto ser humano consta de dos partes principales: ·Componentes visibles ·Componentes invisibles Ya sé que le parecerá una verdad de Perogrullo. ¡Qué descubrimiento! ¿No? Pero de alguna manera hay que comenzar a desenredar la madeja. Creo que todos los colores de este producto al que llamamos ser humano constan de estos componentes sin excepción: negros, blancos, amarillos y todos los tonos intermedios. Como puede ver, en esto también somos iguales. Incluso comparten estas características todos los modelos de las diferentes marcas: varones, mujeres, transexuales, homosexuales, bisexuales, lesbianas y asexuales. Ocurre lo mismo con los tamaños y formas de los diferentes modelos: altos, bajos, flacos, gordos, niños, adultos, bellos y feos. Recapitulando, el producto ser humano tiene como finalidad ser feliz y viene de fábrica con dos …

Otros cinco céntimos sobre mí.

La atracción de los medios de comunicación. Hoy vuelvo a hablar sobre mí, otros cinco céntimos. Y no es que me haya comenzado a gustar, sino que lo creo una obligación. ¿Quién va a leerme si nadie me conoce? Yo hago lo mismo antes de comenzar un libro. Saber del autor/a, de sus vivencias, de su experiencia… En el último post había quedado en que siempre me gustó la televisión. Es un mundo fascinante y mágico, como una gran obra de teatro. El televidente solo ve lo que le dejan ver y se lo cree a pie juntillas. Yo participé por primera vez de un programa cuando tenía diecisiete años. Era un concurso de preguntas y respuestas que organizaba una aerolínea. Y acabé siendo el protagonista principal porque lo gané. La sensación de salir a la calle y que todo el mundo te reconozca, sabe a gloria, pero también es adictiva. Y decidí meterme en ese mundo como locutor de noticias de un telediario. Sin embargo, fracasé. A pesar de llegar a la final de la selección, me ganó la hija de un periodista…

Cocina de autor

A punto de acabar mi segundo libro de no ficción, debo decidir cual de las dos trilogías que tengo comenzadas, cocinaré este invierno. Sí, porque escribir es como cocinar un buen plato. Uno elige los ingredientes, los sazona para que sean más dulces, más salados o más picantes y luego los cuece a fuego lento, agregándoles un buen caldo, finas hierbas y esas especies que le dan un sabor y aroma peculiares...Y creo que me decidiré por la más antigua, que ya lleva reposando unos meses... La saga tiene como título provisorio «Genios esclavos» y el primer libro se llamará casi con seguridad: «El secreto de Sara Mata y Darren O'Connor». Quienes han probado este primer plato me dicen que tiene algo de «The Gossip Girl», un toque de «Los Juegos del Hambre» y una suave reminiscencia a «10 cosas que odio de tí». Yo no lo sé porque de la primera solo he visto un par de capítulos, no leí «Los Juegos del Hambre» y no vi el remake de la peli. Como me gusta dejar entrar cada tanto a alguien en m…

Ríete del Olimpo

A menudo pensamos que los clásicos son muy serios y aburridos, pero ¿qué pasaría si mirásemos al Olimpo con los ojos de hoy?
¿No sería una especie de culebrón?
Porque el poder absoluto tiene mucho de cómico y caricaturesco... Os dejo este fragmento.


Zeus meditaba sentado en su trono blanco, inmaculado. Usaba el rayo para acompañar sus
pensamientos sin percatarse que al moverlo, producía tormentas en distintos lugares de la Tierra.
— ¡No puede ser!, ¡No puede ser!... ¡Estoy harto!... —gritó sintiendo que el ojo izquierdo
le titilaba, como una estrella en el firmamento.
Es que cada vez que discutía con su esposa Hera por culpa de los celos, o alguien le
contrariaba, se ponía de muy mal humor. Todos lo sabían y procuraban mantenerse a distancia
para no despertar su ira.
Pero esta vez iba en serio, estaba cansado de repetir siempre lo mismo y que cada cual
hiciese lo que le venía en gana. Él quería un Olimpo reluciente que no le supusiera una tarea
titánica manejar y al mismo tiempo no pens…

Cinco céntimos.

Cinco Céntimos sobre mí No soy de escribir mucho sobre mí, aunque dicen por ahí que uno no puede escribir más que sobre sí mismo. Con seguridad, mis novelas y mis libros de no ficción reflejan de manera más o menos explícita cómo soy en realidad. Sin embargo, creo que quienes no me conocen personalmente, tienen el derecho de saber quién es y cómo es Ricardo Lampugnani. Pienso que la definición en cinco céntimos es que soy un humanista a ultranza. Es decir, creo que la sociedad debería estar dedicada a facilitar el crecimiento de cada persona en todos los aspectos: intelectual, espiritual, físico y económico. Dicho de esta manera suena a utopía, lo sé. Pero es lo que siento. Tal vez soy así debido a la influencia de mi abuelo paterno, un italiano que se autodefinía como anarquista y que me acompañó durante diez años de mi vida. Nunca voy a olvidar la sensación de desamparo y soledad en que me sumió su muerte. De mi padre aprendí a hacer las cosas, aunque no salgan perfectas. De mi madre la…