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La Felicidad. Manual de usuario para humanos

Bien, el nuevo libro ya está acabado, editado y corregido. Saldrá al dominio público de manera simultánea en inglés y español. Estoy muy contento con el resultado. En especial me encanta la portada y el diseño interior, obra, como no podía ser de otra manera, de Aneley Lampugnani. Para quien no lo sepa, es mi hija, pero además de ello es Licenciada en Publicidad y Relaciones Públicas, Máster en Administración de Hoteles y Turismo, Planificadora de Eventos y Especialista en Diseño y Comunicación.
Bueno, babas aparte; os dejo un trozo de este trabajo.
Durante muchos años me he preguntado cómo es que el ser humano no viene al mundo con un manual de instrucciones. A mí, en particular me hubiese resultado muy útil para entenderme y no darme tantas veces la cabeza contra la pared. En especial lo eché de menos cuando nacieron mis hijas y en muchas ocasiones cuando comenzaron a crecer y a hacerse mayores. En cambio, me he tenido que conformar con libros de autoayuda, metafísica y otras ciencias innobles. Al comienzo todos parecen descubrir la panacea, pero al poco tiempo uno se cansa de visualizar, meditar, controlar… Y concluye que es demasiado «burro» para seguir un camino que a otros les ha llevado a la realización personal, a la felicidad.
Hoy, después de más de medio siglo utilizando este cuerpo, a punto de entrar en la última edad, he decidido volcar en archivo Word, lo que he aprendido a base de investigar, de buscar soluciones a mis problemas y explicaciones a las situaciones que me han tocado vivir. Y no han sido pocas.
En este punto podría usted pensar « ¿Y a mí qué?, todos somos diferentes, tenemos vivencias y características únicas.»
Sí, es cierto. Sin embargo, mi experiencia en el campo de la ingeniería industrial, me ha llevado a una deformación profesional a la hora de evaluar un proceso complejo: Casi todos los problemas intrincados pueden desenmarañarse hasta llegar a muchos problemas más simples que interaccionan entre sí.
Simplifiquemos entonces la explicación: Si tenemos una madeja enmarañada de hilo e intentamos desenredarla toda junta, de seguro no lo lograremos. En cambio, si vamos buscando cada galleta y pasando los hilos por donde corresponde, al final, tendremos una madeja en condiciones.
El ser humano es una madeja sumamente compleja y enmarañada, incluso para los mismos científicos. O precisamente por ser científicos y tener que probar todo lo que afirman, se encuentran con más incertidumbres que certezas.

Yo no soy científico, no intento probar nada ni redescubrir la rueda. Tan solo quiero describir el panorama que veo desde el punto en que me encuentro.
¿Y dónde me encuentro?
La pregunta viene a cuento para que nadie se piense que me siento superior o conocedor de todas las respuestas.
Recuerdo que en mis años de universidad, y supongo que todavía debe pasar lo mismo, nos agolpábamos frente a la puerta del aula cada vez que un alumno salía de un examen oral. Le preguntábamos si había sido fácil, qué temas le habían tocado, si los examinadores estaban de buen humor… Aquello ciertamente servía de poco, porque nuestro examen no era el suyo, pero nos tranquilizaba. Aquel alumno ya había pasado por lo que nosotros pasaríamos en unos minutos y eso le otorgaba experiencia.
Ese es el punto en el que me encuentro. He acumulado las experiencias de transitar un camino, he buscado respuestas, he visto señales, he tropezado y me he levantado. Si eso sirve para allanarle el sendero a alguien, en buena hora. Con seguridad su camino será distinto al mío y yo no puedo transitarlo por usted, pero son todos caminos y algo tienen en común: no los conocemos en absoluto.
El otro punto que tenemos en común es que…
Sí, aunque usted pueda decirme que no tiene nada que ver un africano con un europeo o un chino con un finlandés y una mujer con un hombre.

Piense en qué tenemos de común todos los seres humanos…
Y en la búsqueda de esa felicidad nos pasamos años y años, desde que nacemos y hasta que exhalamos el último aliento. En muchos casos, deambulamos por nuestra existencia como por un atolladero, igual que Teseo, en el laberinto de Creta, cuando quería matar al Minotauro. A pesar de dar tantas vueltas, la experiencia va dejando un hilo, que al recogerlo, nos conduce a la salida. Quizás haya más de una, yo solo conozco ésta.

Ricardo Lampugnani




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¿Por qué la adolescencia tiene tanta mala prensa?

Yo me he rebelado con llamar adolescencia a ese período de la existencia. Es que la palabra adolescente está ubicada entre adolecer y adolorido, y conlleva la sensación de padecer una enfermedad inevitable que se cura con el tiempo, como la gripe, y que puede paliarse aprendiendo a usar tampones, preservativos, cremas depilatorias, maquinillas de afeitar o fumando. Por ello he elegido «Renascencia» y la he definido como la etapa de la vida en la cual constatamos que podemos relacionarnos con los demás sin dejar de ser nosotros mismos. En ella aplicamos nuestras cualidades innatas y contrastamos los valores aprendidos en la familia o proclamados por la sociedad.De más está decir que hay personas de noventa años que todavía no la han superado. De ahí el valor de esta novela, ubicada temporalmente en el punto en que comenzamos a asomar la cabeza a un mundo nuevo, extraño, muchas veces incomprensible y las más de las veces profundamente cruel e injusto. Pero también tiene algo de misterio…

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