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La mujer florero


No soy aficionado a leer novela romántica o romántica – erótica. Quizás sea porque me di un atracón siendo adolescente, cuando les robaba los libros a mis primas. Creo que era porque yo leía todo lo que caía en mis manos y también, por qué no decirlo, porque sentía curiosidad respecto al sexo femenino. Pero de ello hace ya muchos años y pensé que el sexo débil había evolucionado más. En los últimos días he comenzado a leer cuatro o cinco libros de este género. Digo he comenzado porque no he acabado ninguno. La motivación ha sido una novela que estoy escribiendo y para la que necesito algunos puntos de vista femeninos.
Y me he sorprendido, aunque no gratamente. Todas las que he comenzado están escritas por mujeres, lo cual todavía me sabe peor. No voy a poner ni nombres ni títulos porque cada uno es libre de escribir y leer lo que le dé la gana. Sin embargo, puedo decir que son obras de bastante aceptación.
El lay motive de casi todas está resumido en la pobre chica o chica pobre sin inteligencia ni grandes luces que es seducida o es capaz de enamorar a un tío rico, inalcanzable, poco escrupuloso, pagado de sí mismo y por supuesto: guapo. ¡Vamos, un estereotipo de hace cien años!
También las hay que, siendo preparadas y buenas profesionales, se «enganchan» a tíos, siempre supermillonarios que las tratan como a esclavas sexuales. Como si el trato dentro de la alcoba pudiese ser distinto del de fuera de ella. Pero el amor lo puede todo…
¿Es eso lo que todavía quieren las mujeres en pleno siglo XXI?
¿No tener sueños personales?
¿No tener objetivos propios y poder luchar por alcanzarlos?
¿Vivir a la sombra de una seguridad económica, aunque parezcan más objetos decorativos que personas?
¿Dónde está la igualdad por la que han luchado con empeño desde el siglo XVIII?
Hay algo de lo que no podemos tener dudas. La literatura es un reflejo de la sociedad en la que vivimos. De hecho, casi todos los historiadores estudian y deducen las costumbres de una época a través de su legado escrito. No quiero ni pensar lo que deducirán dentro de quinientos años de la etapa que hoy vivimos. Y estoy seguro que no achacarán las conclusiones a una sociedad machista sino a la regresión cavernaria del sexo femenino.
He llegado a pensar que este tipo de novelas las escriben mujeres de clase media alta, insatisfechas en la cama y fuera de ella, que aprovechan los círculos de amistades de sus maridos (cuyas mujeres están insatisfechas como ellas), para hacerse pasar por escritoras. Y que además se creen vivas porque han pillado a un idiota con pasta. Que los hay, no me caben dudas.
¡Pobres!
Bien, yo, como escritor seguiré poniendo en primer plano a mujeres con carácter, decisión y objetivos personales, que miren a los hombres de frente como compañeros de viaje y no como billeteras con bragueta. Lo hice con Yo, Úrsula y lo continuaré haciendo. Y a las mujeres florero, que obviamente las hay a punta pala, les continuaré dejando el backstage de las historias… El que corresponde a las «buscas» que acaban marchitándose junto con sus atributos físicos…   


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