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¿Qué hubiera pasado con Harry Potter...

Si en lugar de escribirlo Joanne Rowling, lo hubiese escrito Juana Formandofila?

Muy posiblemente todavía seguiría siendo un manuscrito guardado en algún cajón y su autora trabajando como empleada en una tienda...

Y el mundo se hubiese perdido una saga inigualable y a toda una generación de niños que comenzaron a disfrutar de la lectura a través de las historias del pequeño mago.
¿Por qué digo ésto?
Porque J.K. Rowling no pertenecía al mundillo de los privilegiados que tienen conexiones en el ámbito editorial o del espectáculo, como E.L.James o Suzanne Collins... Como es bien sabido, con «enchufe» todo es más fácil.
Y no es mi intención abrir juicio sobre «50 Sombras» o sobre «Los Juegos del hambre». Respecto a la primera ya dí mi parecer en otro post y no he leído la segunda.
Un caso similar al de J.K. Rowling es el de Stephenie Meyer, la autora de «Crepúsculo». Pero qué os voy a contar de Crepúsculo si casi todo el mundo lo ha leído.
Pero volvamos al caso de Harry Potter. 
J.K. Rowling NO tenía ninguna posibilidad de triunfar. De hecho la primera edición de «Harry Potter y la piedra filosofal», fue de 1000 ejemplares de los cuales 500 fueron a parar a bibliotecas de Gran Bretaña. ¡Una ruina para el editor!
Sin embargo, la Rowling pudo seguir escribiendo gracias a una beca de la Scotish Arts Council, otorgada en 1997.
Primer punto: en los países de habla hispana eso NO EXISTE.
Una Juana Formandofila hubiese tenido que buscarse un trabajo para subsistir.
Segundo punto: En el mismo año, 1997, la Compañía anglosuiza Nestlé le otorga el «Premio del libro para niños Nestlé». Y Nestlé no es una editorial sino una empresa de alimentación. Ese premio tampoco existe en los países de habla hispana.
Tercer punto: En febrero de 1998 la Rowling recibe el «Premio al mejor libro infantil del año» en los «Premios del libro británico». Un galardón que tampoco existe en los países de habla hispana. Lo mismo sucede en el año 1999 y también en el 2000 con el «Premio Whitbread». En 2006 vuelve a obtener el premio al mejor libro infantil del año en los «Premios a los mejores libros británicos.»
Cuarto punto: Tanto Stephenie Meyer como J.K. Rowling pudieron acceder a una subasta de derechos por la publicación de sus libros, celebrada en Estados Unidos. Otro hecho que tampoco existe en países de habla castellana.
Bien, veamos si puedo llegar a donde quiero.
Los países de habla inglesa cuentan con un sistema en lo público y en lo privado que busca acicatear el interés por la lectura de los más pequeños. De la misma manera que promueven la cultura en todas sus formas.
En los países con tradición hispánica, la cultura es patrimonio de una clase social alta y la adjudicación de premios está en manos privadas con intereses particulares. Por eso Juana Formandofila tiene su manuscrito guardado en un cajón. O quizás lo haya autopublicado, con un éxito directamente proporcional a los amigos que tenga. Y eso es independiente de la calidad de lo que haya escrito.
¿De dónde proviene esta reflexión mía tan trasnochada?
Es que acabo de regresar de Noruega...
Y vosotros podéis decir, no sin razón,—pero en Noruega hablan noruego...
Es cierto, pero también hablan inglés.
Y lo que me llamó mucho la atención fue que tan solo con decir que eres escritor, las personas te preguntan sobre qué tema, qué es lo último que has publicado y si pueden conseguirlo en inglés...
En España, si dices que eres escritor, recibes muchas miradas de consuelo... Jaja.
Por otra parte, he estado hurgando en multitud de blogs de literatura de habla hispana. Es decir, gente que lee y recomienda libros. Lo que me he encontrado todavía refuerza más mi teoría: un gran porcentaje lee y recomienda libros de autores extranjeros, otra buena porción continúa leyendo fanfiction en español de Crepúsculo, los Juegos del Hambre, 50 Sombras... y no faltan quienes se dedican a leer y recomendar sucedáneos del manga japonés o de «The walking death». No los culpo, es lo que hay...
Mi conclusión es que la literatura en español está jodida, salvo honrosas excepciones —el único que encontré como galardonado en lengua inglesa fue Carlos Ruiz Zafón por «Phoenix»— y que somos unos anglófilos penitentes incapaces de inventar nada nuevo. 
Es muy triste que una genética tan rica como la latina, innovadora y creativa, sea incapaz de tener sus referentes en el resto del mundo. Si los gobiernos, las entidades culturales, las editoriales transformadas en grupos multimedia, las eternas comisiones que se crean, se dedicaran a favorecer la cultura, a defenderla  y difundirla con contenidos originales y novedosos... Otro gallo cantaría. 
Ricardo Lampugnani © 

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