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Cualquier sistema es bueno, son las personas las que lo prostituyen.


Cuando buscaba material para mi último libro —aun no editado— sobre el estrés, di con un estudio de la Sociedad Americana de Psicología. En él se concluía que, las dos causas mayoritarias de estrés negativo en la generación denominada Millenials eran el trabajo y el dinero.
Y casualmente tanto uno como otro no tienen que ver con el ser humano en sí sino con el sistema en el que vivimos.
¿Es entonces el sistema responsable de nuestros mayores males?
Pese a ser muy crítico y, a ser considerado en muchos círculos, como un antisistema, debo decir que NO.
El bendito SISTEMA es tan solo la manera en la que los seres humanos han decidido organizarse para llevar adelante su especie.
¡No han venido los extraterrestres a imponernos sus ideologías!

Y a lo largo de los siglos se han probado unos cuantos:
·         Los reinos.
·         Las ciudades estado.
·         Las confederaciones.
·         El fascismo.
·         El nacionalismo.
·         El comunismo.
·         El capitalismo.
·         Los imperios.
·         La democracia.
Perdone el lector si no los he enumerado todos. Tampoco es mi intención hacerlo. El sistema es el que es y todos pueden funcionar muy bien si las personas que los llevan adelante tienen interés en que así sea.
Recuerdo que un lector comentó hace tiempo que «el ser humano es corrupto»
Estoy en total desacuerdo.
El ser humano es corrompible.
Mi abuelo decía:
«Los hombres pobres e insignificantes casi siempre son buenos».
Y agregaba después de una pausa:
«Dale a un hombre, pobre o insignificante, dinero o poder y verás lo que siempre ha sido en su interior».
Destaco:
«Lo que siempre ha sido en su interior».
La primera conclusión que seguramente viene a su cabeza es que, si eliminamos a los corruptos, el sistema vuelve a funcionar correctamente.
Lamento decirle que no es así.
No basta con eliminar a los corruptos.
Decía Edmund Burke[1]:

«Cuando los hombres malos se combinan, el bien debe asociarse. De lo contrario caerán uno a uno, un sacrificio sin castigo en una lucha despreciable».

Es que en general los malos y los corruptos son mediocres y necesitan tejer una trama que consolide sus posiciones. Desde allí van contaminando todo lo que se pone a su alcance.
Los llamados hombres buenos, suelen ser definidos por no hacer daño a nadie.
—Mientras no me molesten o se metan conmigo... —suelen decir.
¡Craso error!
«Cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar»
No confundamos bondad con desidia, comodidad o indiferencia. Para mí, estos tres defectos pueden englobarse en un concepto: Inconsciencia.
No estoy de acuerdo con Einstein en su famosa frase:
«El mundo no está en peligro por las malas personas sino por aquellas que permiten la maldad.»
En realidad el mundo está en peligro por las malas personas y la trama de poder y corrupción que han generado. Quiens lo permiten es porque son inconscientes o porque no pueden hacer nada al respecto.
La inconsciencia es una enfermedad que se cura con autoconocimiento y ese es un medicamento que los corruptos aborrecen.
Yo sé quién soy yo...
¿Quién es usted?



[1] Escritor, filósofo y político irlandés (1729 -1797)

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